miércoles, 1 de abril de 2009

La Iniciación y el Fuego Frío.

La intuición simbólica es vital para el proceso de reasignación de valores cardinales en pos de lograr la aislación del Yo del sujeto consiente. En el Misterio de Belicena Villca, la iniciación en el Fuego Frio de la Diosa Pyrena, servía para este cometido. Veamos el mito, aqui un extracto del "Bellocino de Oro" del genial mitologo Robert Graves... ¿El retual del Fuego Frío?... Partece que si. Pyerena es la Triple Diosa... Veamos...

"Tiotes y los demás sacerdotes entretuvieron a los argonautas en el pórtico del santuario de los Dáctilos con danzas grotescas y bufonadas, pero no les dieron alimento ni les permitieron hacer sacrificios sangriento en honor a ninguna deidad.

Cuando el gran Anceo preguntó con impaciencia si reinaba el hambre en la isla, Tiotes le respondió que había todo en abundancia,pero que ésta era una noche de ayuno en preparación para los acontecimientos del día siguiente. Diciendo esto, les entregó a cada uno una bebida fuerte y amarga, que les hizo revolcarse toda la noche apretándose el vientre y vomitando -todos menos Hércules, que apenas sintió una punzada.
Al amanecer dieron comienzo los grandes Misterios. La primera parte estaba reservada a los adoradores del sexo masculino. No está permitido revelar toda la fórmula del ritual nónuple, que tuvo lugar en un bosque de abetos; pero pueden contarse muchas cosas sin faltar al decoro. No es ningún secreto que apareció la propia diosa Rea, penetrando en el cuerpo de la sacerdotisa de Rea. Llevaba una falda acampanada, al estilo cretense, de un tejido teñido de púrpura marina, y por arriba, como única prenda, llevaba puesto un chaleco de manga corta sin abrochar delante y que mostraba la esplendidez y la plenitud de sus senos. En la cabeza llevaba una cofia alta coronada con el disco de la luna y con ámbar que centelleaba, y alrededor de su cuello un collar formado por cincuenta falos, tallados en marfil amarillo. Sus ojos eran de mirada salvaje y cuando la descubrieron los argonautas estaba sentada sobre un sitial construido con los cuernos izquierdos de toros cretenses. Sus ministros eran los representantes de los Dáctilos, los cinco dioses de los Dedos, y del dios Priapo, su amante. Una guardia armada impedia que s ele acercasen la mujeres, los niños y los forasteros.

Todos los novicios, bajo pena de muerte, guardaban un silencio absoluto y se hallaban completamente desnudos; sin embargo, Orfeo, que ya estaba iniciado, ocupó su puesto entre los músicos de la diosa, ataviado con una vestidura blanca que llevaba bordado un rayo dorado.

Primero tuvo lugar el ritual de la Creación. Sonó una música y la diosa, con sus propias manos,formo un montón circular de tierra, virtió agua en una zanja que había alrededor y se puso a bailar enncima; se trataba de un baile lento y rítmico, que imitaba el monótono girar de las constelaciones,y ejecutaba los pasos con una exactitud penoza. Después de una extenuante hora o tal vez más, la diosa dio una palmada para que los músicos cambiaran de melodía, y al poco rato volvió a bailar con una enorme serpiente sagrada enroscada en torno a su cuerpo. Su danza se fue volviendo más y más salvaje hasta que los músicos sudaban y gemían en su intento de seguir el ritmo de sus posturas; y mientras los ojos d elos argonautas se salian de sus óritas, tal era su terror. Por fin sonaron tres golpes fuertes e imperiosos sobre un gong de cobre, y todos se taparon los ojos,la serpiente silbaba y lanzaba alaridos. La diosa profirió una risa aterradora; era como si la fría mano de la Muerte les apretara los corazones, y se les erizó el cabello en la nuca, como el pelo de un lobo enfurecido.

Cuando la suave música de la flauta les dió permiso para mirar, la serpiente había desaparecido, y pronto empezó el rito de la Dominación con una música triunfal. Los Dáctilos le trajeron a la diosa una paloma viva, como símbolo del cielo; ella se contoneó y bailó y luego le retorció el cuello. Le trajeron un cangrejo vivo como símbolo del mar; ella se contoneó y bailó y luego le arrancó las patas. Le trajeron una liebre viva como símbolo de la tierra; ella se contoneó y bailó y luego la hizo pedazos.

Rea dio sus primeras órdenes, nos esta permitido repetirlas.

A continuación vino el ritual del amor. Rea tomó bellotas y aguamiel y le ofreció amorosamente a Priapo, su amante con cara de pez, compartir con ella la comida. Bailó con él, al principio de modo desdeñoso, pero luego cada vez más amorosa y desvergonzante. Entonces, igual que antes,sonaron tres golpes de gong, como advertencia, y todos se taparon los ojos mientras en sus oídos mientras en sus oidos sonaba un grito horrible, como si hienas y águilas copularan entre ellas.


Cuando volvió a sonar la suave flauta, Priapo había desaparecido y los adoradores observaron el ritual del nacimiento. Rea gimió y chilló y de debajo de su falda salió tambaleándose un becerrito negro que miraba a su alrededor con asombro.Rea lo coronó con una guirnalda de flores. Los argonautas lo reconocieron enseguida como el niño Zagreo, y hubieran caído de bruces en adoración si los Dáctilos no les hubiesen indicado que permanecieran firmes.

Después tuvo lugar el ritual del Sacrificio. Los desnudos Dáctilos permanecían en pie detrás de Rea, y cada uno llevaba un trozo de yeso en cada mano. Frotaron los dos trozos y se empolvaron la cara y el cuerpo hasta quedar blancos como la nieve.

Entonces se abalanzaron sobre el becerro por detrás; Uno lo cogio de la cabeza y cada uno de los otros por una pierna, y mientras la música sonaba enfurecida a su alrededor, despedazaron al pequeño dios, y salpicaron a los argonautas con la sangre, para hacerles enloquecer. Se precipitaron sobre él y desgarraron el
estrozado cuerpo en trizas, comiéndose la carne ávidamente, con pellejo y todo. Así, comiendo del Dios ellos se volvieron como dioses.

Rea dio sus segundas órdenes: no está permitido repetirlas.

Luego tuvo lugar el ritual de la Ablución. Los Dáctilos entregaron a los argonautas unas esponjas y agua lustral en unos cuencos de madera; se lavaron tres veces con cuidado hasta que no podía verse ni una gota de sangre sobre ninguno de ellos.

Siguió el ritual del Renacimiento y del Recuerdo. Esto no puede contarse, pero ¡oh, con qué frenesí rugían las aguas en túnel infinito! A continuación tuvo lugar el ritual de la Coronación. Los argonautas renacidos fueron coronados con guirnaldas de hiedra, ungidos con aceite y vestidos con camisas de lienzo de color púrpura. Rea les dio a cada uno un beso en la boca y les enseñó la oración con que debían dirigirse a ella cuando estuvieran en peligro de naufragio; pues los vientos de cola de serpiente siguen estando bajo el control de la diosa, y Zeus no tiene poder alguno sobre ellos.

Del último ritual esta prohibido emncionar siquiera en nombre.

Rea dio terceras y últimas órdenes y cuando hubo concluido, los argonautas fueron conducidos a una cueva detrás de su trono y allí se quedaron dormidos todos juntos.

Durmieron hasta la medianoche, hora en que la segunda parte de los grandes misterios reservados al sexo femenino habian terminado. Un mensajero del Dios Priapo les desperto para que aydarán a la consumación de estos; les ordeno que se desnudaran, y les condujo a la arboleda de su iniciación. La luna ancha y llena brillaba en lo alto, manchando su piel con sombras de los árboles. Las ninfas de los Búhos los trataron cruelmente, saltando sobre ellos desde madrigueras en la tierra y desde árboles huecos, atacándolos con uñas y dientes y obteniendo el placer con una violencia lunática. Cuando volvió a clarear el día los argonautas se creyeron
hombres muertos. Incluso la gruesa voz de Hércules salía como un murmullo de sus labios hinchados y su cuerpo del matorral de retama al que lo habían arrojado. Pero los serviciales Dáctilos vinieron corriendo y los ungieron con grasa de víboras
que traían envueltas en hojas de higuera y les hicieron beber fuertes cordiales. Luego Orfeo los hizo dormir por encanto en la cueva de la que habían salido.

Al mediodía despertarón, sintiéndose refrescados de un sueño que les pareció de diez mil años.

Volvieron a vestirse con sus propios calzones y despues de despedirse con reverencia de Tiotes,regresaron al Argo. Pero antes en el santuario de los dáctilos dedicaron cinco cuencos de bronce con el reborde de plata, que aún hoy en día siguen expuestos en aquel lugar. Y Tiotes le entregó a Jasón, como regalo de despedida, un talisman contra el trueno; era un ungüento compuesto por pelos, cebollas e hígados de sardina. Pero Jasón lo perdió antes de que terminase el viaje.

Mientras partían Orfeo les canto la canción del cipres y el avellano. En ella les enseñaba cómo habían de proceder a su muerte si querían convertirse en héroes oraculares en lugar de vivir su eterna existencia subterránea como espectros temblorosos e ignorantes.

A los ojos de Atalanta, Meleagro e Hilas, los argonautas que regresaban al barco parecían dioses en vez de hombres; alrededor de cada frente brillaba un tenue nimbo de luz. Pero cuando subieron por la escalera al barco y se volvieron a poner sus ropas, la gloria se desvaneció; volvían a ser hombres, aunque hombres cambiados.



Robert Graves.