Kamaradas:
El siguiente video es absolutamente increible. Todos sabemos que no queda mucho tiempo. No teman, pues ya estamos muertos... la cosa consiste ahora en actualizar el HONOR... A,ha,ha,ha
A los que se amparan en la invisibilidad... mis mejores deseos... espero que vivan por siempre...
Honor et Mortis
jueves, 9 de abril de 2009
miércoles, 1 de abril de 2009
La Iniciación y el Fuego Frío.
La intuición simbólica es vital para el proceso de reasignación de valores cardinales en pos de lograr la aislación del Yo del sujeto consiente. En el Misterio de Belicena Villca, la iniciación en el Fuego Frio de la Diosa Pyrena, servía para este cometido. Veamos el mito, aqui un extracto del "Bellocino de Oro" del genial mitologo Robert Graves... ¿El retual del Fuego Frío?... Partece que si. Pyerena es la Triple Diosa... Veamos..."Tiotes y los demás sacerdotes entretuvieron a los argonautas en el pórtico del santuario de los Dáctilos con danzas grotescas y bufonadas, pero no les dieron alimento ni les permitieron hacer sacrificios sangriento en honor a ninguna deidad.
Cuando el gran Anceo preguntó con impaciencia si reinaba el hambre en la isla, Tiotes le respondió que había todo en abundancia,pero que ésta era una noche de ayuno en preparación para los acontecimientos del día siguiente. Diciendo esto, les entregó a cada uno una bebida fuerte y amarga, que les hizo revolcarse toda la noche apretándose el vientre y vomitando -todos menos Hércules, que apenas sintió una punzada.
Al amanecer dieron comienzo los grandes Misterios. La primera parte estaba reservada a los adoradores del sexo masculino. No está permitido revelar toda la fórmula del ritual nónuple, que tuvo lugar en un bosque de abetos; pero pueden contarse muchas cosas sin faltar al decoro. No es ningún secreto que apareció la propia diosa Rea, penetrando en el cuerpo de la sacerdotisa de Rea. Llevaba una falda acampanada, al estilo cretense, de un tejido teñido de púrpura marina, y por arriba, como única prenda, llevaba puesto un chaleco de manga corta sin abrochar delante y que mostraba la esplendidez y la plenitud de sus senos. En la cabeza llevaba una cofia alta coronada con el disco de la luna y con ámbar que centelleaba, y alrededor de su cuello un collar formado por cincuenta falos, tallados en marfil amarillo. Sus ojos eran de mirada salvaje y cuando la descubrieron los argonautas estaba sentada sobre un sitial construido con los cuernos izquierdos de toros cretenses. Sus ministros eran los representantes de los Dáctilos, los cinco dioses de los Dedos, y del dios Priapo, su amante. Una guardia armada impedia que s ele acercasen la mujeres, los niños y los forasteros.
Todos los novicios, bajo pena de muerte, guardaban un silencio absoluto y se hallaban completamente desnudos; sin embargo, Orfeo, que ya estaba iniciado, ocupó su puesto entre los músicos de la diosa, ataviado con una vestidura blanca que llevaba bordado un rayo dorado.Primero tuvo lugar el ritual de la Creación. Sonó una música y la diosa, con sus propias manos,formo un montón circular de tierra, virtió agua en una zanja que había alrededor y se puso a bailar enncima; se trataba de un baile lento y rítmico, que imitaba el monótono girar de las constelaciones,y ejecutaba los pasos con una exactitud penoza. Después de una extenuante hora o tal vez más, la diosa dio una palmada para que los músicos cambiaran de melodía, y al poco rato volvió a bailar con una enorme serpiente sagrada enroscada en torno a su cuerpo. Su danza se fue volviendo más y más salvaje hasta que los músicos sudaban y gemían en su intento de seguir el ritmo de sus posturas; y mientras los ojos d elos argonautas se salian de sus óritas, tal era su terror. Por fin sonaron tres golpes fuertes e imperiosos sobre un gong de cobre, y todos se taparon los ojos,la serpiente silbaba y lanzaba alaridos. La diosa profirió una risa aterradora; era como si la fría mano de la Muerte les apretara los corazones, y se les erizó el cabello en la nuca, como el pelo de un lobo enfurecido.
Cuando la suave música de la flauta les dió permiso para mirar, la serpiente había desaparecido, y pronto empezó el rito de la Dominación con una música triunfal. Los Dáctilos le trajeron a la diosa una paloma viva, como símbolo del cielo; ella se contoneó y bailó y luego le retorció el cuello. Le trajeron un cangrejo vivo como símbolo del mar; ella se contoneó y bailó y luego le arrancó las patas. Le trajeron una liebre viva como símbolo de la tierra; ella se contoneó y bailó y luego la hizo pedazos.
Rea dio sus primeras órdenes, nos esta permitido repetirlas.
A continuación vino el ritual del amor. Rea tomó bellotas y aguamiel y le ofreció amorosamente a Priapo, su amante con cara de pez, compartir con ella la comida. Bailó con él, al principio de modo desdeñoso, pero luego cada vez más amorosa y desvergonzante. Entonces, igual que antes,sonaron tres golpes de gong, como advertencia, y todos se taparon los ojos mientras en sus oídos mientras en sus oidos sonaba un grito horrible, como si hienas y águilas copularan entre ellas.
Cuando volvió a sonar la suave flauta, Priapo había desaparecido y los adoradores observaron el ritual del nacimiento. Rea gimió y chilló y de debajo de su falda salió tambaleándose un becerrito negro que miraba a su alrededor con asombro.Rea lo coronó con una guirnalda de flores. Los argonautas lo reconocieron enseguida como el niño Zagreo, y hubieran caído de bruces en adoración si los Dáctilos no les hubiesen indicado que permanecieran firmes.
Después tuvo lugar el ritual del Sacrificio. Los desnudos Dáctilos permanecían en pie detrás de Rea, y cada uno llevaba un trozo de yeso en cada mano. Frotaron los dos trozos y se empolvaron la cara y el cuerpo hasta quedar blancos como la nieve.
Entonces se abalanzaron sobre el becerro por detrás; Uno lo cogio de la cabeza y cada uno de los otros por una pierna, y mientras la música sonaba enfurecida a su alrededor, despedazaron al pequeño dios, y salpicaron a los argonautas con la sangre, para hacerles enloquecer. Se precipitaron sobre él y desgarraron el
estrozado cuerpo en trizas, comiéndose la carne ávidamente, con pellejo y todo. Así, comiendo del Dios ellos se volvieron como dioses.
Rea dio sus segundas órdenes: no está permitido repetirlas.
Luego tuvo lugar el ritual de la Ablución. Los Dáctilos entregaron a los argonautas unas esponjas y agua lustral en unos cuencos de madera; se lavaron tres veces con cuidado hasta que no podía verse ni una gota de sangre sobre ninguno de ellos.
Siguió el ritual del Renacimiento y del Recuerdo. Esto no puede contarse, pero ¡oh, con qué frenesí rugían las aguas en túnel infinito! A continuación tuvo lugar el ritual de la Coronación. Los argonautas renacidos fueron coronados con guirnaldas de hiedra, ungidos con aceite y vestidos con camisas de lienzo de color púrpura. Rea les dio a cada uno un beso en la boca y les enseñó la oración con que debían dirigirse a ella cuando estuvieran en peligro de naufragio; pues los vientos de cola de serpiente siguen estando bajo el control de la diosa, y Zeus no tiene poder alguno sobre ellos.
Del último ritual esta prohibido emncionar siquiera en nombre.
Rea dio terceras y últimas órdenes y cuando hubo concluido, los argonautas fueron conducidos a una cueva detrás de su trono y allí se quedaron dormidos todos juntos.
Durmieron hasta la medianoche, hora en que la segunda parte de los grandes misterios reservados al sexo femenino habian terminado. Un mensajero del Dios Priapo les desperto para que aydarán a la consumación de estos; les ordeno que se desnudaran, y les condujo a la arboleda de su iniciación. La luna ancha y llena brillaba en lo alto, manchando su piel con sombras de los árboles. Las ninfas de los Búhos los trataron cruelmente, saltando sobre ellos desde madrigueras en la tierra y desde árboles huecos, atacándolos con uñas y dientes y obteniendo el placer con una violencia lunática. Cuando volvió a clarear el día los argonautas se creyeron
hombres muertos. Incluso la gruesa voz de Hércules salía como un murmullo de sus labios hinchados y su cuerpo del matorral de retama al que lo habían arrojado. Pero los serviciales Dáctilos vinieron corriendo y los ungieron con grasa de víboras
que traían envueltas en hojas de higuera y les hicieron beber fuertes cordiales. Luego Orfeo los hizo dormir por encanto en la cueva de la que habían salido.
Al mediodía despertarón, sintiéndose refrescados de un sueño que les pareció de diez mil años.
Volvieron a vestirse con sus propios calzones y despues de despedirse con reverencia de Tiotes,regresaron al Argo. Pero antes en el santuario de los dáctilos dedicaron cinco cuencos de bronce con el reborde de plata, que aún hoy en día siguen expuestos en aquel lugar. Y Tiotes le entregó a Jasón, como regalo de despedida, un talisman contra el trueno; era un ungüento compuesto por pelos, cebollas e hígados de sardina. Pero Jasón lo perdió antes de que terminase el viaje.
Mientras partían Orfeo les canto la canción del cipres y el avellano. En ella les enseñaba cómo habían de proceder a su muerte si querían convertirse en héroes oraculares en lugar de vivir su eterna existencia subterránea como espectros temblorosos e ignorantes.
A los ojos de Atalanta, Meleagro e Hilas, los argonautas que regresaban al barco parecían dioses en vez de hombres; alrededor de cada frente brillaba un tenue nimbo de luz. Pero cuando subieron por la escalera al barco y se volvieron a poner sus ropas, la gloria se desvaneció; volvían a ser hombres, aunque hombres cambiados.

Robert Graves.
miércoles, 25 de marzo de 2009
Licurgo y Esparta
Ahora un regalo para el hipotético lector de este blog (bueno, ya no tan hipotéticos) puesto que la gracia con la cual el autor nos remonta a Esparta, Nación de guerreros, hace que valga la alegría (no pena) leerlo integro.
“Loor eterno a los bravos guerreros” recordémoslos, recordémoslos... “remember as” Leonidas a Delios en la película “300”... también se las recomiendo...
Licurgo.
“Loor eterno a los bravos guerreros” recordémoslos, recordémoslos... “remember as” Leonidas a Delios en la película “300”... también se las recomiendo...
Licurgo.
Quien desde la costa remonta el Peloponeso hacia el norte, halla en un punto determinado el valle de Lacedemonia, o Laconia, engarzado entre montañas tan impenetrables que su capital, Esparta, jamás tuvo necesidad de construir murallas para defenderse. Domina a todos los demás el pico nevado del Taigeto, de donde se precipita, hervoroso, el torrente Eurotas.
Esparta quiere decir “la esparcida”, y hoy tendrá más o menos 5.000 habitantes. Fue llamada así porque fue el resultado de la fusión de cinco poblados que entre todos contarían unos cincuenta mil habitantes. Esta fusión no fue espontánea. La impusieron a la fuerza los conquistadores dorios, cuando bajaron del norte en seguimiento de sus reyes heraclidas. Estos dominaban desde las montañas circundantes el Peloponeso, e iniciaron su conquista atacando Mesene. Pausanias cuenta que el rey de la ciudad Aristodemo, corrió a Delfos para consultar el oráculo sobre la manera de salir de aquel apuro. Apolo le sugirió que sacrificará su hija a los dioses. Aristodemo, que seguramente tenia en sus venas un poco de sangre napolitana, dijo que si, pero en el último momento, a escondidas, puso en lugar de su hija a otra muchacha, esperando que los dioses no lo notarían. Luego fue a la guerra y quedó derrotado. Cincuenta años después, su sucesor Aristómenes se reveló contra el yugo. Perdió vida y trono y sus súbditos la libertaron. Estos fueron equiparados a los indígenas de Esparta, que se llamaban “ilotas”, y que a su vez estaban equiparados a sus esclavos, los cuales debían entregar gratis, a los ciudadanos la mitad de sus rentas y cosechas. Sobre esa masa de desheredados, que entre la ciudad y el campo sumaban cerca de trescientas mil almas, incluyeron los “periecos”, que eran los ciudadanos libres pero privados de derechos políticos, sobrenadaba la minoría guerrera de los treinta mil conquistadores dorios, únicos que gozaban de los derechos de ciudadanía y que ejercitaban los políticos. Era natural que estos hicieran por manera de cortar el paso a las ideas progresistas de justicia social para no perder sus privilegios patronales. Las montañas que circundaban el valle les ayudaron, al dificultar los contactos con las otras ciudades, y especialmente donde la democracia triunfaba. Licurgo añadió a aquellas ideas un conjunto de leyes que petrificaban la sociedad en sus dos estratos de siervos y amos.
No se sabe si Licurgo ha existido efectivamente jamás. Los que lo creen, conforme a los testimonios de los antiguos historiadores griegos, dudan respecto a las fechas. Algunos creen que vivió novecientos años antes de J.C.; otros ochocientos; otros setecientos, que es lo más probable. No era un rey. Era tío y tutor del joven soberano Cárialo. Dícese que fue a buscar el modelo de su famosa constitución a Creta, y que para hacerla aceptar por sus compatriotas contó, a su regreso, que fue el oráculo de Delfos en persona quien se la sugirió en nombre de los dioses. Esta imponía una disciplina tan severa y sacrificios tan grandes, que no todos se mostraban dispuestos a aceptarla. Un joven de la aristocracia, Alcandro, enfureciose hasta tal punto al discutirla, que le tiró una piedra a Licurgo y le dio en un ojo. Plutarco cuenta que, por sustraer el culpable al furor de los circunstantes, Licurgo se lo hizo entregar y que por todo castigo se le llevó a cenar consigo. Y entonces, entre plato y plato, mientras se ponía compresas sobre el ojo lastimado, explicó a su agresor como y porqué se proponía dar a Esparta leyes tan furas. Alcandro quedó convenido y admirado por la generosidad de Licurgo, convirtiose en uno de los más celosos propagandistas de sus ideas.Alguien sostiene que las leyes de Licurgo no fueron escritas jamás. De todos modos, fueron observadas hasta que se volvieron consuetudinarias y formaron las costumbres de aquel pueblo. Su autor reconocía que su esencia era “el desprecio de lo cómodo y lo agradable” y, para hacerlas aprobar, propuso un plazo, obligándose sus conciudadanos a mantenerlas en vigor hasta el día siguiente de su retorno. El día siguiente partió a Delfos, se encerró en el templo y se dejo morir de hambre. Así las leyes no fueron jamás derogadas y se tornaron consuetudinarias.
Según ellas, los reyes debían sentarse por parejas en el trono de modo que uno pudiese vigilar al otro, y que la rivalidad entre ambos la aprovechase el senado para erigirse en árbitro de la situación. El senado se componía de veintiocho miembros, todos de más de sesenta años. Cuando el uno moría (y, dada la edad, debía de suceder a menudo), los candidatos a la sucesión desfilaban en fila india por la sala. El que recibía más aplausos quedaba elegido, así como en las discusiones ganaba la proposición el que sabía gritar con voz más potente.
Debajo del senado estaba la Asamblea, una especie de cámara de diputados, abierta a todos los ciudadanos de treinta años para arriba. Esta nombraba previa aprobación del senado, a los cinco éforos o ministros, para la aplicación de las leyes. En esta división de poderes, Esparta no difería sustancialmente de los otros estados de la antigüedad. Pero lo que le dio aquel carácter que, de entonces acá se ha llamado “espartano”, fueron la regla acética y los criterios de disciplina militar que, por voluntad de Licurgo, imprimieron la vida y sobre todo la educación de los jóvenes.
Esparta no tenía un ejercito; lo era. Además, sus habitantes tan solo eran súbditos y no tenían derecho a ejercer la industria ni el comercio por que debían reservarse solo para la política y la guerra, no conocieron nunca el oro ni la plata porque estaba prohibido importarlos, y hasta sus monedas fueron solamente de hierro. Una comisión gubernamental examinaba a los recién nacidos y mandaba arrojar a los cortos de talla desde un pico del Taigeto, haciendo dormir a los demás al raso, aún en invierno, de modo que sólo los más robustos sobreviviesen. Se tenia libertad de elegir mujer. Pero quién se casaba con una poco apta para la reproducción, pagaba una multa, como le sucedió incluso a un Rey, Arquidamo. El marido estaba obligado a tolerar la infidelidad si la adúltera la cometía con un hombre más alto y fuerte que él: Licurgo había dicho que en estos casos los celos eran ridículos e inmorales.
A los siete años el niño era arrancado a la familia y entraba en el colegio militar, a costa del Estado. En cada clase se nombraba paidónomo – o como dirían los alemanes, Führer – al más valeroso, ósea el que había zurrado más y mejor a sus compañeros, resistido mejor las desolladuras y los latigazos de los instructores, y más brillantemente soportado las noches en el chiquero. A los alumnos se les enseñaba a leer y escribir, pero nada más. La única evasión era el canto. Pero estaba prohibido el individual, admitiéndose tan solo el coro, que consolidaba la disciplina; Los coros son un signo característico de las sociedades militares y guerreras; A coro cantaban los alemanes y los rusos, en tanto que franceses e italianos cantan cada cual por su cuenta. Esparta amaba la música como la amaba la Prusia del siglo pasado. Y dado que la educación que daba a sus jóvenes no permitía desarrollar entre ellos a musicógrafos, los importaba del extranjero, como hacemos nosotros con los futbolistas. El más célebre, Terpandro, fue llevado a Lesbos, y recibió tal nombre, que significa “deleitador de hombres”, porque compuso himnos patrióticos donde nadie podía cantar uno solo.Hasta los Reyes, que participaban en los cantos, tenían que atenerse a su parte y basta. Y uno de ellos que quiso lanzar un do de pecho fue multado. Después de Terpandro vino Timoteo, que trato de perfeccionar la lira aumentando las cuerdas de siete a once. Los éforos, que no querían novedades en ningún terreno, ni en el musical, se lo prohibieron.
El espartano seguía viviendo militarmente bajo tiendas o en barracas hasta los treinta años, sin conocer camas y otras comodidades caseras. Se lavaba poco, ignoraba la existencia del jabón y de los ungüentos, y tenía que procurarse la comida por sus propios medios, robando, pero sin que lo descubrieran, porque en tal caso era duramente castigado. Si después de veintitrés años de esa vida no había muerto aún, podía volver a su casa y tomar esposa. Las chicas que aguardaban no tenían secretos que esconderles porque estaban obligadas a contender desnudas en las palestras, de modo que todos podían escoger la más florida y sana. El celibato era un delito. Se castigaba obligando a quién caía en él a la desnudez hasta en invierno y al canto de un himno en el que reconocía haber desobedecido la ley.
Hasta los sesenta años se comía a la mesa pública, donde la dieta era rigurosa. Quién engordaba hasta rebasar un límite, era confinado. Todo lujo era considerado como un ultraje a la sociedad. El Rey Cleómenes mando repatriarse a un embajador en Samos porque usaba vajilla de oro. Nadie podía ir al extranjero sin un permiso del gobierno, muy difícil de conseguir. Como todos los Estados totalitarios, de régimen policial, también Esparta tuvo un “telón de acero”. Detrás de este vivían trescientos mil siervos de treinta mil oplitas. Un sibarita que estuvo de visita, exclamo: “Apuesto a que los espartanos son soldados valerosos. Llevando esta vida, ¿qué miedo pueden tener a la muerte?”
Esparta ha tenido y sigue teniendo numerosos ensalzadores, especialmente los filósofos, desde Platón acá, que aspiran al Estado omnipotente y predican el sacrificio del individuo a la colectividad, han sufrido su fascinación. Por virtud los espartanos entendían, en efecto, la total sumisión a las leyes e intereses de la Patria. Cuando iban a la guerra sus mamas les acompañaban cantando un estribillo: “Vuelve con el escudo o encima de él” Porque el escudo era tan pesado que, para huir, había que tirarlo, y en caso de muerte servía de ataúd.
Ciertamente fue una formidable potencia militar que durante siglos hizo temblar de miedo a los vecinos. Toda Grecia puso unos ojos como platos cuando se entero de que el pequeño ejército de Epaminondas la había derrotado. Parecía imposible que hombres que lo habían sacrificado todo a la fuerza, pudieran ser vencidos por la fuerza. Un poco menos imposible, es más, totalmente normal, pareció el hecho de que, perdido el ejército, en Esparta no quedara nada más. La fuerza centrípeta de su sociedad y sus costumbres heroicas la mantuvieron en pie más tiempo que Atenas. Pero las leyes que se habían dado no le permitían ninguna evolución. Hoy, quien vaya a visitarla, no hallará más que un villorrio sin carácter de cinco mil almas, en cuyo pobrísimo museo no hay un resto de estatuas ni un pedazo de columna que atestigüen la existencia de una civilización espartana.Habría que mandar a visitarla a todos los discípulos de Hitler y de Stalin (es comprensible que Indro Montanelli mezcle chica con limonada, ya que indudablemente, si quería ver publicada su obra, no podía dejar de “censurar” a Hitler y equiparándolo con el paría de Stalin), los cuales fueron a su vez modestos imitadores de Licurgo, verdadero jefe de escuela de los totalitarios y el más respetable de todos, porqué el sacrificio del individuo a la colectividad (nosotros diremos Patria) no tan solo la predicó; la puso en práctica dando el ejemplo.
Tomado de la grandiosa obra de Indro Montanelli: “Historia de los Griegos y Romanos”, cuya lectura recomendamos sin dudarlo siquiera, puesto que esta escrita con Gracia Luciferica.
martes, 24 de marzo de 2009
La caída... el encadenamiento del Espíritu.
Todo sucedio en un segundo, sin lucha, por engaño y traición se produjo la caída. Ahora viene la lucha, guerra sin cuartel por recuperar el estado original. Todo esta en el Mito, juzguen ustedes, usen de su intuición simbólica. Loki...¿el traidor aliado al demiurgo?...
LA MUERTE DE BALDER
Cierto día, los guerreros de Odín consiguieron aprisionar al feroz lobo Fenris, pero no podían retenerlo porque todas las cadenas no bastaban para dominar su fuerza, por lo que tuvieron que recurrir a la indus¬tria de los genios enanos y malhechores, aunque obre¬ros muy hábiles.
«Con el paso de un gato, la barba de una mujer, la raíz de una peña, el suspiro de un oso y el alma de un pez», formaron una cuerda que ni el mismo Fenris pudo romper. Se necesitaba, sin embargo, mucha astucia para poderla enganchar al lobo, ya que éste desconfia¬ba, por lo que Odín decidió:
—Mi hijo Thor arriesgará un brazo como prenda en las fauces de la fiera.
Tras semejante convenio, lograron los ases amarrar al lobo pasando la cuerda a través de una roca horadada, haciéndola llegar hasta las entrañas de la Tierra-Al darse cuenta Fenris de que había sido apresado, destrozó el brazo de Thor, y de los sanguinolentos es¬pumarajos de rabia que salieron de su boca se formó el río Wam, o de los Vicios.
Al ver morir a su amado lobo, el dios Loki, desesperado, decidió vengarse. Para ello no pensó sino en matar a Balder, el segundo hijo, de Odín y de Friga. Balder, dios de la luz, era un joven inteligente y apuesto, muy estimado por los dioses. Su hermosura era tal, que su presencia llenaba todo de claridad. Bastaba verlo y oírlo para amarlo.
La vida del alegre dios transcurría feliz, sintiéndose amado y amando a la vez, hasta que, de pronto, empezó a ser víctima del presentimiento de que podría morir de un golpe. Para calmarle, su madre, Friga, hizo prometer a todos los seres de la tierra que ninguno atentaría jamás contra él.
Vuelto a causa de ello invulnerable, los dioses, para acabar de calmar al joven dios, un día que estaban todos reunidos y de fiesta empezaron a lanzar contra él cuanto hallaron a mano: piedras, dardos, hasta sus armas, sin conseguir herirlo ni hacerle daño siquiera.
Pero el envidioso y perverso Loki, fingiéndose muy contento, preguntó a la diosa Friga si verdaderamente había convencido a todos los seres del universo de que no perjudicasen a su hijo.
—A todos, excepto al débil muérdago —respondió incautamente la madre—. Me pareció incapaz de hacer ningún daño.
Loki no perdió el tiempo. Cortó esta planta y con su tallo construyó una varita. Al regresar al Walhalla, donde todos se hallaban jugando, le dio la varita al ciego Hoder y le dijo:
—Anda, lánzala en la dirección que yo te indicaré.
Hoder lo hizo sin desconfianza, y la leve flecha, al menos en apariencia, fue a alcanzar a Balder en el corazón, atravesándoselo y dejándolo sin vida. Entre las divinidades cundió gran pesar. La esposa de Balder, la hermosa Nanna, murió de pena y fue enterrada junto a su marido.
Entretanto, los ases no se consolaban por la muerte de Balder, por lo que la atribulada madre Friga les preguntó:
—¿Hay entre vosotros alguno que consienta en descender al reino de Hel (el reino de los muertos), para rescatar a mi hijo Balder?
Inmediatamente, el valiente Hermodo, uno de los hijos de Odín, saltó sobre Sleipmir, el caballo de su padre, y se puso en camino. Hel accedió a libertar a Balder, pero puso esta condición:
—Lo dejaré salir de mi reino si todos los seres del mundo, sin exceptuar ninguno, están conformes con ello y vierten alguna lágrima. (¿Sentir la Minne?)
Satisfecho y alegre Hermodo, al ver que esto era muy fácil, regresó a la Tierra, per
o se encontró con que en la caverna de una montaña una giganta llamada Thonk se negó a verter ni una lágrima, pese a las súplicas de todos los dioses.
—Ni durante su vida ni después de su muerte —respondió la giganta—, he recibido de él servicio alguno; que Hel conserve lo que tiene.
Como es fácil suponer, la vieja y malvada giganta era el dios Loki disfrazado. Y así Balder, al no poder ser rescatado, tuvo que permanecer para siempre en el rei¬no de los muertos.
LA MUERTE DE BALDER
Cierto día, los guerreros de Odín consiguieron aprisionar al feroz lobo Fenris, pero no podían retenerlo porque todas las cadenas no bastaban para dominar su fuerza, por lo que tuvieron que recurrir a la indus¬tria de los genios enanos y malhechores, aunque obre¬ros muy hábiles.
«Con el paso de un gato, la barba de una mujer, la raíz de una peña, el suspiro de un oso y el alma de un pez», formaron una cuerda que ni el mismo Fenris pudo romper. Se necesitaba, sin embargo, mucha astucia para poderla enganchar al lobo, ya que éste desconfia¬ba, por lo que Odín decidió:
—Mi hijo Thor arriesgará un brazo como prenda en las fauces de la fiera.
Tras semejante convenio, lograron los ases amarrar al lobo pasando la cuerda a través de una roca horadada, haciéndola llegar hasta las entrañas de la Tierra-Al darse cuenta Fenris de que había sido apresado, destrozó el brazo de Thor, y de los sanguinolentos es¬pumarajos de rabia que salieron de su boca se formó el río Wam, o de los Vicios.
Al ver morir a su amado lobo, el dios Loki, desesperado, decidió vengarse. Para ello no pensó sino en matar a Balder, el segundo hijo, de Odín y de Friga. Balder, dios de la luz, era un joven inteligente y apuesto, muy estimado por los dioses. Su hermosura era tal, que su presencia llenaba todo de claridad. Bastaba verlo y oírlo para amarlo.La vida del alegre dios transcurría feliz, sintiéndose amado y amando a la vez, hasta que, de pronto, empezó a ser víctima del presentimiento de que podría morir de un golpe. Para calmarle, su madre, Friga, hizo prometer a todos los seres de la tierra que ninguno atentaría jamás contra él.
Vuelto a causa de ello invulnerable, los dioses, para acabar de calmar al joven dios, un día que estaban todos reunidos y de fiesta empezaron a lanzar contra él cuanto hallaron a mano: piedras, dardos, hasta sus armas, sin conseguir herirlo ni hacerle daño siquiera.
Pero el envidioso y perverso Loki, fingiéndose muy contento, preguntó a la diosa Friga si verdaderamente había convencido a todos los seres del universo de que no perjudicasen a su hijo.
—A todos, excepto al débil muérdago —respondió incautamente la madre—. Me pareció incapaz de hacer ningún daño.
Loki no perdió el tiempo. Cortó esta planta y con su tallo construyó una varita. Al regresar al Walhalla, donde todos se hallaban jugando, le dio la varita al ciego Hoder y le dijo:
—Anda, lánzala en la dirección que yo te indicaré.
Hoder lo hizo sin desconfianza, y la leve flecha, al menos en apariencia, fue a alcanzar a Balder en el corazón, atravesándoselo y dejándolo sin vida. Entre las divinidades cundió gran pesar. La esposa de Balder, la hermosa Nanna, murió de pena y fue enterrada junto a su marido.
Entretanto, los ases no se consolaban por la muerte de Balder, por lo que la atribulada madre Friga les preguntó:
—¿Hay entre vosotros alguno que consienta en descender al reino de Hel (el reino de los muertos), para rescatar a mi hijo Balder?
Inmediatamente, el valiente Hermodo, uno de los hijos de Odín, saltó sobre Sleipmir, el caballo de su padre, y se puso en camino. Hel accedió a libertar a Balder, pero puso esta condición:
—Lo dejaré salir de mi reino si todos los seres del mundo, sin exceptuar ninguno, están conformes con ello y vierten alguna lágrima. (¿Sentir la Minne?)
Satisfecho y alegre Hermodo, al ver que esto era muy fácil, regresó a la Tierra, per
o se encontró con que en la caverna de una montaña una giganta llamada Thonk se negó a verter ni una lágrima, pese a las súplicas de todos los dioses.—Ni durante su vida ni después de su muerte —respondió la giganta—, he recibido de él servicio alguno; que Hel conserve lo que tiene.
Como es fácil suponer, la vieja y malvada giganta era el dios Loki disfrazado. Y así Balder, al no poder ser rescatado, tuvo que permanecer para siempre en el rei¬no de los muertos.
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La caída... el encadenamiento del Espíritu.
jueves, 19 de marzo de 2009
Importancia de la Leyenda Arturiana
Es de vital importancia desarrollar la facultad de intuición simbólica. La leyenda arturiana es un fundamento... recomiendo al hipotético lector de este blog, conseguir la película en cuestión y desentrañar su significación simbólica.
"Juró lealtad al corage de tus venas"
Recuerden:
"Nadie nos mpuede traicionar... sólo nuestra propia boca"
"Nadie no puede someter... sólo nuestro propio corazón"
"Nadie puede lastimarnos... sólo nuestras propias manos"
Y ... Nadie puede liberarnos... Sólo nosotros mismos"
¡Hacia el infinito y más allá!
"Juró lealtad al corage de tus venas"
Recuerden:
"Nadie nos mpuede traicionar... sólo nuestra propia boca"
"Nadie no puede someter... sólo nuestro propio corazón"
"Nadie puede lastimarnos... sólo nuestras propias manos"
Y ... Nadie puede liberarnos... Sólo nosotros mismos"
¡Hacia el infinito y más allá!
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