sábado, 24 de enero de 2009
Batman y "El Libro de los Muertos" 1ª Parte.
Hipotético lector... podemos utilizar las mentiras para decir VERDADES... es parte del ser artístico... os dejo pues este "cuentito"...











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Batman y el "El Libro de los Muertos"
viernes, 23 de enero de 2009
Reflexiones desde el Abismo
Este texto esta dirigido a quienes saben que la inspiración noologica es la clave para el despertar pues busca su propia ORIGINALIDAD; Voy a dejaros el link en enlaces adjuntos, es decir, deben hacer click en el título de este post para que visiten el sitio y disfruten de verdadera posia. Desde Bolivia, enviamos nuestros agradecimientos y mejores deseos al kamarada Croix... que le Virgen de Agartha siempre le inspire jacia el infinito y más allá!
Salud!
Virgen madre
Nosotros los hijos de la Virgen Ama, los hijos de piedra, somos como inocentes niños con expresión guerrera. Nuestra madre nos mostrará el camino ha seguir mientras atrás quedará la bestia, la locura.
Nuestra virgen madre es de luz, de luz increada de otro mundo, de otra realidad.
Cuando nos extraviamos, nuestra madre lloro, de sus ojos manaron cristalinas lágrimas, lagrimas que evidencian el profundo a-mor que una madre puede sentir, un a-mor que desde aquí, de este mundo es imposible comprender.
Ella nos amamantó con el néctar eterno del honor, y nos acunó en el gélido fuego del valor.
¿Qué pasó? No sé, no recordamos, nos extraviamos cuando nos fuimos de su lado, de repente nos encontramos en un laberinto oscuro y hostil; ella nos llamaba, mas nuestra sangre no la escuchaba a causa del olvido y la traición, vagamos por mil mundos de ilusión y dolor; nuestra madre por esos mundos nos buscó, y en este nos encontró.
Ahora sabemos adonde nuestra madre está, a pesar de separados junto a ella volveremos a estar.
Nuestra virgen madre al encontrarnos, dejó de llorar, los que la vieron dicen que ahora sonríe esperando que con ella nos volvamos a encontrar.
¡Virgen madre, tu morada que es la nuestra, nunca más volveremos a abandonar, y si este riesgo existiera, tú nunca jamás lo permitirás!
Salud!
Virgen madre
Nosotros los hijos de la Virgen Ama, los hijos de piedra, somos como inocentes niños con expresión guerrera. Nuestra madre nos mostrará el camino ha seguir mientras atrás quedará la bestia, la locura.
Nuestra virgen madre es de luz, de luz increada de otro mundo, de otra realidad.
Cuando nos extraviamos, nuestra madre lloro, de sus ojos manaron cristalinas lágrimas, lagrimas que evidencian el profundo a-mor que una madre puede sentir, un a-mor que desde aquí, de este mundo es imposible comprender.
Ella nos amamantó con el néctar eterno del honor, y nos acunó en el gélido fuego del valor.
¿Qué pasó? No sé, no recordamos, nos extraviamos cuando nos fuimos de su lado, de repente nos encontramos en un laberinto oscuro y hostil; ella nos llamaba, mas nuestra sangre no la escuchaba a causa del olvido y la traición, vagamos por mil mundos de ilusión y dolor; nuestra madre por esos mundos nos buscó, y en este nos encontró.
Ahora sabemos adonde nuestra madre está, a pesar de separados junto a ella volveremos a estar.
Nuestra virgen madre al encontrarnos, dejó de llorar, los que la vieron dicen que ahora sonríe esperando que con ella nos volvamos a encontrar.
¡Virgen madre, tu morada que es la nuestra, nunca más volveremos a abandonar, y si este riesgo existiera, tú nunca jamás lo permitirás!
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Reflexiones desde el Abismo. Kamarada Croix.
jueves, 22 de enero de 2009
Kuruksetra
Este extracto del Bagavad-Gita corresponde a un blog leal llamado "Imagos", no tiene puntuaciòn, me imagino para respetar el sentido original del escrito... Tu que buscas la LIBERACIÓN, leelo, pues nadie puede liberarte solo tu mismo...
Cápítulo 1 :

- Verso 21-22 .Arjuna dijo: En medio de ambas armadas Coloca el carro ¡Oh Achyuta! Para ver en forma detallada A quienes ansían esta lucha Y a quienes deberé enfrentar Cuando la contienda surja .
- Verso 23. Quiero ver a esos guerreros Que se encuentran aquí reunidos Que con Duryodhana, el malévolo, Ahora han formado partido.
- Verso 24 .Sanjaya dijo: Cuando así habló Gudakesa ¡Oh Bharata! Hrisikesa En medio de los dos bandos Colocó el grandioso carro.
- Verso 25. Y al estar ante Drona y Bhisma Y todos los reyes del mundo Le dijo a Partha: ahora mira Allí están reunidos los Kurus.
- Verso 26. Allí Partha vio parados Tanto a abuelos como a padresA maestros, tíos, hermanos, Hijos, nietos, amigos leales, A suegros, y bienquerientes, Situados en ambos frentes.
- Verso 27. Después de ver Kaunteya A sus amigos alistados Por gran compasión abrumado Habló mostrando su pena.
- Verso 28. Arjuna dijo: El ver ¡Oh Krishna! a mis parientes Deseando la lucha impacientes Hace que mi cuerpo se estremezca Y mi boca se me seca.
- Verso 29. Tiembla mi cuerpo entero Y se me erizan los vellos Gandiva se me cae Y siento que mi piel arde.
- Verso 30. No puedo permanecer más aquí Mi mente da vueltas, me mareo, Por causa de todo esto preveo ¡Oh Kesava! sólo un mal devenir.
- Verso 31. No puedo encontrar ningún bien En matar parientes en la guerra Ni deseo, ¡Oh Krishna!, vencer, Ni el reino, ni felicidad si hubiera.
- Versos 32-35 .De qué nos sirve Govinda el reino, La felicidad o la misma vida Si para quienes hoy queremos Tronos, gozos y alegrías En este campo hoy se encuentran Dejando vida y riquezas: Padres, hijos, maestros, Abuelos de nuestro aprecio Tíos maternos, nietos, suegros Cuñados y otros cercanos... No quiero matar a ninguno de ellos Aunque muera, ¡Oh destructor de Madhu! Ni por los tres mundos a cambio ¡Qué decir por esta tierra! Si a los hijos de Dhritarastra matamos ¿Habrá algún bien, Janardan, siquiera?.
- Verso 36 .En nosotros recaerá el pecado Si a estos agresores combatimos Por ello no hay bien si luchamos Contra estos príncipes y amigos Pues matar a nuestros familiares No hará, Oh Madhava, feliz a nadie.
- Versos 37-38 .Si ellos no son capaces de ver Por la codicia estando cegados El mal de matar sus hermanos Y a sus amigos también ¿Cómo nosotros que vemos esto No vamos a dejar de pecar? Si el mal de destruir a los nuestros Bien lo entendemos, ¡Janardana!.
- Verso 39 .Al acabarse la familia se termina La tradición familiar eterna Este dharma destruido deriva En que a la irreligión se entregan.
- Verso 40 .¡Oh Krsna!, cuando la irreligión predomina Las damas de la familia se contaminan Y ¡Oh Varsneya!, de ellas así contaminadas Se origina la prole no deseada.
- Verso 41. Esta prole crea una situación infernal Para los destructores y la familia misma Sus antepasados sufren, cayendo, además Porque sus ofrendas les son suprimidas.
- Verso 42. Por las faltas de estos destructores de familias Que hacen que los hijos no deseados vengan Los proyectos de la comunidad se terminan Y las tradiciones familiares eternas.
- Verso 43 .Quienes dañan la tradición familiar Oh Janardana, aquellos hombres, En el infierno eterno van a morar Así han dicho sabios de renombre.
- Verso 44 .Ay que extraño es que este gran pecado Estemos hoy decididos a realizar La felicidad imperial codiciando A los nuestros trataremos de matar.
- Verso 45. Si ahora a mí, sin defenderme, Desarmado, ante ellos armados, En el campo de batalla me agreden Será lo mejor, es cuanto hallo.
- Verso 46 .Sanjaya dijo: Así habló Arjuna en el campo Y volvió a tomar asiento Tirando, con sus flechas, el arco Quedó afligido en silencio...
Capítulo 2
- Verso 1 . Sanjaya dijo: Al que estaba por compasión agobiado Con sus ojos llenos de lágrimas Al que se lamentaba, estas palabras, Le dijo el destructor de Madhu.
- Verso 2 .La Persona Suprema dijo: Estas flaquezas de dónde te surgieron Justo en esta adversidad tan dura No son de arios, ni conducen al cielo, Sólo causan la infamia, ¡Oh Arjuna! .
- Verso 3 .No cedas a esta impotencia ¡Oh Partha! No es digna de ti esta confusión Tal mezquindad interior, tal mancha, Déjala y levántate, ¡Oh conquistador!.
- Verso 4 .Arjuna dijo: Cómo yo, a Bhisma, en la refriega Y al mismo Drona, ¡Madhusudana! Responderé con flechas certeras Si merecen que los adore, ¡Oh Arisudana!.
- Verso 5 .No mataré por cierto a mis gurus ¡grandes almas! Prefiero ser un mendigo, sin nada ni nadie Me superan aun si buscan beneficio en la batalla Y menos querría un botín manchado con su sangre.
- Verso 6 .No sabemos qué será más conveniente Si vencerlos o ser vencidos por ellos De matarlos, no quisiera seguir viviendo, Sin los hijos de Dhritarastra aquí presentes.
- Verso 7. La flaqueza del egoísmo me causa ardor Por ello te pido, confundido en mi deber, Que me digas en forma conclusiva qué hacer Soy tu sisya, instrúyeme, rendido estoy.
- Verso 8 .Veo que nada me podrá liberar De esta aflicción que seca mis sentidos Ni el ganar próspera tierra sin rival Ni el hacer el reino de los devas mío...
- Verso 9 .Sanjaya dijo: Así habló al Señor de los sentidos Gudakesa, el conquistador "No lucharé", a Govinda, afligido, Le dijo luego y enmudeció.
- Verso 10 .Entonces dijo Hrisikesa Como sonriente ¡Oh Bharata! Estando en medio de ambas fuerzas Al que no dejaba de lamentar.
- Verso 11 .El Supremo Bhagavan dijo: Por lo que no deberías quejarte te quejas Aunque con fino lenguaje te expresas Pues ni por los vivos ni por los muertos Muestran los sabios algún desconcierto.

- Verso 12 .No hubo un tiempo en que Yo no haya existido Ni tú, ni estos reyes aquí reunidos Ni de existir dejará tampoco En el futuro ninguno de nosotros.
- Verso 13 .Como el ser condicionado a su cuerpo Lo cambia de niñez, a juventud y vejez Así lo cambia a otro, llegado el momento Esto el de mente estable lo puede entender.
- Verso 14 .Oh Kaunteya, el contacto con los sentidos Causa dolor, alegría, calor, frío... Estos vienen y se van, sin ser permanentes ¡Oh Bharata! en tolerarlos sé persistente.
- Verso 15 .Quien estos repetidos cambios tolera Esa persona, ¡Oh tú, la mejor de entre ellas! Que es igual ante dicha y pena, paciente, La liberación sin duda se merece.
- Verso 16 . No hay duración de lo inexistente Ni cesación de lo existente De ambos a esta conclusión llegaron Quienes ven la Verdad y son sabios.
- Verso 17 . Debes saber que es indestructible Lo que compenetra todo el cuerpo La destrucción de lo intangible No es posible en ningún momento.
- Verso 18 .Sólo el cuerpo es perecedero Del ser condicionado eterno Del indestructible e inmensurable ¡Oh Bharata lucha! si esto ya sabes.
- Verso 19 . Aquél que piensa que mata Y aquél que piensa que muere Están los dos en ignorancia Pues el ser no mata ni muere .
- Verso 20 .Nunca tuvo nacimiento ni muerte No es que fue, que será o volverá a ser Es innaciente, eterno, permanente Cuando se mata el cuerpo no muere él.
- Verso 21 .Sabiendo que es eterno e indestructible Que no tiene comienzo y es inmutable ¿Cómo ¡Oh Partha! consideras posible Hacer que maten, o matar a alguien?.
- Verso 22 .Tal como la ropa vieja se cambia Por una nueva que no ha sido usada Así los viejos cuerpos son dejados Por otros que acepta el ser condicionado.
- Verso 23 .No la pueden cortar las armas El fuego no la puede quemar No puede mojarla el agua Ni el viento la puede secar.
- Verso 24 .Es irrompible y no se quema No se moja ni se seca Está en todos, inmutable, eterna, Es inmóvil, nada la afecta.
- Verso 25 .No se puede ver, no se puede concebir, Es inalterable... esto se ha oído decir Por lo tanto, si esto logras aceptar, No tienes entonces de qué lamentar.
- Verso 26 . Si incluso piensas que nace siempre Y que siempre está sujeta a morir Aun si es así, ¡Oh el de brazos fuertes! No tienes porqué lamentar y sufrir.
- Verso 27 .Para el que nace la muerte es segura Y para el que muere seguro es el nacer Por ello ante lo inevitable no ayuda El lamentar sobre lo que siempre fue.
- Verso 28 .Inmanifiesto es el ser al comienzo En el intermedio ¡Oh Bharatá! es manifiesto Y de nuevo es inmanifiesto al final Entonces, ¿ qué encuentras aquí de reprobar?.
- Verso 29 .Como sorprendente ven algunos al alma Como sorprendente otros tratan de explicarla Otros han oído de ella que es muy asombrosa Y otros escuchan sin entender mayor cosa.
- Verso 30 .Lo encarnado es eterno, no puede morir Esto ¡Oh Bharata!, con todos es igual Por ello con cuanto ves existir No tienes nada de qué lamentar.
- Verso 31 .Considerando tu deber prescrito No tienes porqué vacilar Pues luchar, siguiendo los principios, Para un ksatriya es lo mejor que hay.
- Verso 32 .Esta situación vino por su propia cuenta Abriendo de par en par al cielo las puertas Felices son los ksatriyas ¡Oh hijo de Pritha! ¡Que a combates semejantes se les invita !.
Cápítulo 1 :

- Verso 21-22 .Arjuna dijo: En medio de ambas armadas Coloca el carro ¡Oh Achyuta! Para ver en forma detallada A quienes ansían esta lucha Y a quienes deberé enfrentar Cuando la contienda surja .
- Verso 23. Quiero ver a esos guerreros Que se encuentran aquí reunidos Que con Duryodhana, el malévolo, Ahora han formado partido.
- Verso 24 .Sanjaya dijo: Cuando así habló Gudakesa ¡Oh Bharata! Hrisikesa En medio de los dos bandos Colocó el grandioso carro.
- Verso 25. Y al estar ante Drona y Bhisma Y todos los reyes del mundo Le dijo a Partha: ahora mira Allí están reunidos los Kurus.
- Verso 26. Allí Partha vio parados Tanto a abuelos como a padresA maestros, tíos, hermanos, Hijos, nietos, amigos leales, A suegros, y bienquerientes, Situados en ambos frentes.
- Verso 27. Después de ver Kaunteya A sus amigos alistados Por gran compasión abrumado Habló mostrando su pena.
- Verso 28. Arjuna dijo: El ver ¡Oh Krishna! a mis parientes Deseando la lucha impacientes Hace que mi cuerpo se estremezca Y mi boca se me seca.
- Verso 29. Tiembla mi cuerpo entero Y se me erizan los vellos Gandiva se me cae Y siento que mi piel arde.
- Verso 30. No puedo permanecer más aquí Mi mente da vueltas, me mareo, Por causa de todo esto preveo ¡Oh Kesava! sólo un mal devenir.
- Verso 31. No puedo encontrar ningún bien En matar parientes en la guerra Ni deseo, ¡Oh Krishna!, vencer, Ni el reino, ni felicidad si hubiera.
- Versos 32-35 .De qué nos sirve Govinda el reino, La felicidad o la misma vida Si para quienes hoy queremos Tronos, gozos y alegrías En este campo hoy se encuentran Dejando vida y riquezas: Padres, hijos, maestros, Abuelos de nuestro aprecio Tíos maternos, nietos, suegros Cuñados y otros cercanos... No quiero matar a ninguno de ellos Aunque muera, ¡Oh destructor de Madhu! Ni por los tres mundos a cambio ¡Qué decir por esta tierra! Si a los hijos de Dhritarastra matamos ¿Habrá algún bien, Janardan, siquiera?.
- Verso 36 .En nosotros recaerá el pecado Si a estos agresores combatimos Por ello no hay bien si luchamos Contra estos príncipes y amigos Pues matar a nuestros familiares No hará, Oh Madhava, feliz a nadie.
- Versos 37-38 .Si ellos no son capaces de ver Por la codicia estando cegados El mal de matar sus hermanos Y a sus amigos también ¿Cómo nosotros que vemos esto No vamos a dejar de pecar? Si el mal de destruir a los nuestros Bien lo entendemos, ¡Janardana!.
- Verso 39 .Al acabarse la familia se termina La tradición familiar eterna Este dharma destruido deriva En que a la irreligión se entregan.
- Verso 40 .¡Oh Krsna!, cuando la irreligión predomina Las damas de la familia se contaminan Y ¡Oh Varsneya!, de ellas así contaminadas Se origina la prole no deseada.
- Verso 41. Esta prole crea una situación infernal Para los destructores y la familia misma Sus antepasados sufren, cayendo, además Porque sus ofrendas les son suprimidas.
- Verso 42. Por las faltas de estos destructores de familias Que hacen que los hijos no deseados vengan Los proyectos de la comunidad se terminan Y las tradiciones familiares eternas.
- Verso 43 .Quienes dañan la tradición familiar Oh Janardana, aquellos hombres, En el infierno eterno van a morar Así han dicho sabios de renombre.
- Verso 44 .Ay que extraño es que este gran pecado Estemos hoy decididos a realizar La felicidad imperial codiciando A los nuestros trataremos de matar.
- Verso 45. Si ahora a mí, sin defenderme, Desarmado, ante ellos armados, En el campo de batalla me agreden Será lo mejor, es cuanto hallo.
- Verso 46 .Sanjaya dijo: Así habló Arjuna en el campo Y volvió a tomar asiento Tirando, con sus flechas, el arco Quedó afligido en silencio...
Capítulo 2
- Verso 1 . Sanjaya dijo: Al que estaba por compasión agobiado Con sus ojos llenos de lágrimas Al que se lamentaba, estas palabras, Le dijo el destructor de Madhu.
- Verso 2 .La Persona Suprema dijo: Estas flaquezas de dónde te surgieron Justo en esta adversidad tan dura No son de arios, ni conducen al cielo, Sólo causan la infamia, ¡Oh Arjuna! .
- Verso 3 .No cedas a esta impotencia ¡Oh Partha! No es digna de ti esta confusión Tal mezquindad interior, tal mancha, Déjala y levántate, ¡Oh conquistador!.
- Verso 4 .Arjuna dijo: Cómo yo, a Bhisma, en la refriega Y al mismo Drona, ¡Madhusudana! Responderé con flechas certeras Si merecen que los adore, ¡Oh Arisudana!.
- Verso 5 .No mataré por cierto a mis gurus ¡grandes almas! Prefiero ser un mendigo, sin nada ni nadie Me superan aun si buscan beneficio en la batalla Y menos querría un botín manchado con su sangre.
- Verso 6 .No sabemos qué será más conveniente Si vencerlos o ser vencidos por ellos De matarlos, no quisiera seguir viviendo, Sin los hijos de Dhritarastra aquí presentes.
- Verso 7. La flaqueza del egoísmo me causa ardor Por ello te pido, confundido en mi deber, Que me digas en forma conclusiva qué hacer Soy tu sisya, instrúyeme, rendido estoy.
- Verso 8 .Veo que nada me podrá liberar De esta aflicción que seca mis sentidos Ni el ganar próspera tierra sin rival Ni el hacer el reino de los devas mío...
- Verso 9 .Sanjaya dijo: Así habló al Señor de los sentidos Gudakesa, el conquistador "No lucharé", a Govinda, afligido, Le dijo luego y enmudeció.
- Verso 10 .Entonces dijo Hrisikesa Como sonriente ¡Oh Bharata! Estando en medio de ambas fuerzas Al que no dejaba de lamentar.
- Verso 11 .El Supremo Bhagavan dijo: Por lo que no deberías quejarte te quejas Aunque con fino lenguaje te expresas Pues ni por los vivos ni por los muertos Muestran los sabios algún desconcierto.

- Verso 12 .No hubo un tiempo en que Yo no haya existido Ni tú, ni estos reyes aquí reunidos Ni de existir dejará tampoco En el futuro ninguno de nosotros.
- Verso 13 .Como el ser condicionado a su cuerpo Lo cambia de niñez, a juventud y vejez Así lo cambia a otro, llegado el momento Esto el de mente estable lo puede entender.
- Verso 14 .Oh Kaunteya, el contacto con los sentidos Causa dolor, alegría, calor, frío... Estos vienen y se van, sin ser permanentes ¡Oh Bharata! en tolerarlos sé persistente.
- Verso 15 .Quien estos repetidos cambios tolera Esa persona, ¡Oh tú, la mejor de entre ellas! Que es igual ante dicha y pena, paciente, La liberación sin duda se merece.
- Verso 16 . No hay duración de lo inexistente Ni cesación de lo existente De ambos a esta conclusión llegaron Quienes ven la Verdad y son sabios.
- Verso 17 . Debes saber que es indestructible Lo que compenetra todo el cuerpo La destrucción de lo intangible No es posible en ningún momento.
- Verso 18 .Sólo el cuerpo es perecedero Del ser condicionado eterno Del indestructible e inmensurable ¡Oh Bharata lucha! si esto ya sabes.
- Verso 19 . Aquél que piensa que mata Y aquél que piensa que muere Están los dos en ignorancia Pues el ser no mata ni muere .
- Verso 20 .Nunca tuvo nacimiento ni muerte No es que fue, que será o volverá a ser Es innaciente, eterno, permanente Cuando se mata el cuerpo no muere él.
- Verso 21 .Sabiendo que es eterno e indestructible Que no tiene comienzo y es inmutable ¿Cómo ¡Oh Partha! consideras posible Hacer que maten, o matar a alguien?.
- Verso 22 .Tal como la ropa vieja se cambia Por una nueva que no ha sido usada Así los viejos cuerpos son dejados Por otros que acepta el ser condicionado.
- Verso 23 .No la pueden cortar las armas El fuego no la puede quemar No puede mojarla el agua Ni el viento la puede secar.
- Verso 24 .Es irrompible y no se quema No se moja ni se seca Está en todos, inmutable, eterna, Es inmóvil, nada la afecta.
- Verso 25 .No se puede ver, no se puede concebir, Es inalterable... esto se ha oído decir Por lo tanto, si esto logras aceptar, No tienes entonces de qué lamentar.
- Verso 26 . Si incluso piensas que nace siempre Y que siempre está sujeta a morir Aun si es así, ¡Oh el de brazos fuertes! No tienes porqué lamentar y sufrir.
- Verso 27 .Para el que nace la muerte es segura Y para el que muere seguro es el nacer Por ello ante lo inevitable no ayuda El lamentar sobre lo que siempre fue.
- Verso 28 .Inmanifiesto es el ser al comienzo En el intermedio ¡Oh Bharatá! es manifiesto Y de nuevo es inmanifiesto al final Entonces, ¿ qué encuentras aquí de reprobar?.
- Verso 29 .Como sorprendente ven algunos al alma Como sorprendente otros tratan de explicarla Otros han oído de ella que es muy asombrosa Y otros escuchan sin entender mayor cosa.
- Verso 30 .Lo encarnado es eterno, no puede morir Esto ¡Oh Bharata!, con todos es igual Por ello con cuanto ves existir No tienes nada de qué lamentar.
- Verso 31 .Considerando tu deber prescrito No tienes porqué vacilar Pues luchar, siguiendo los principios, Para un ksatriya es lo mejor que hay.
- Verso 32 .Esta situación vino por su propia cuenta Abriendo de par en par al cielo las puertas Felices son los ksatriyas ¡Oh hijo de Pritha! ¡Que a combates semejantes se les invita !.
martes, 13 de enero de 2009
El Gran Napoleón Bonaparte.
Lector hipotètico de lagartos extrauniverses, hay un vació muy grande en cuanto a la veradera significancia de la "Revoluciòn Francesa", tan enarbolada por el sistema, y el papel de Napoleón Bonaparte, tan vilipendiado por el mismo sistema; Conclusión: la tan cacareada "Revolución". no fue tal, y Napoleón hizo algo "malo" que nunca le fue perdonado por la Sinarquía. Veamos, hecho mano de Don Salvador Borrego Escalante y un extracto de su libro: "Inflación Empobrecedora, y Deflación Empobrecedora" Edición 7ª Edición Actualizada.

EL GOLPE MÁS AUDAZ DEL SIGLO XVIII
Las muy frecuentes guerras en Europa atraían la atención de gobernantes y gobernados, mientras que toda clase de sectas, logias y clubes secretos seguían proliferando y maduraban golpes cada vez más ambiciosos.
La situación en Francia, durante el siglo XVIIl, se iba volviendo cada día más propicia para un estallido gigantesco, las especulaciones financieras provocaron quiebras en la ciudad de Lyon, a consecuencia de la cual prácticamente dejó de ser mercado internacional, la inflación, con la consiguiente carestía, se hizo patente a partir de 1719.
En general se iba deteriorando la situación de Francia, en tanto que Inglaterra aumentaba su fuerza. De Londres llegaba la influencia secreta de los rosacruces, y de Baviera la de los "iluminados". Ambas convergían a un mismo fin.
Cundía una gran variedad de logias y sociedades secretas. El Papa Clemente XII decretó (1738) la excomunión de los católicos que se afiliaran a la masonería en sus diversos ritos. Pero la masonería no era poderosa por su número, sino por los puestos de suma influencia que ocupaban sus miembros. No eran organismos de masas, pero podían desorientar y mover a las masas.
La monarquía francesa se deslizaba hacia la frivolidad (de te que te Pompadour y te Du Barry fueron bellas exponentes), y menguaba su control sobre la máquina gubernamental. En el ejército había infiltración que debilitaba la disciplina. En el Parlamento se bloqueaban reformas positivas. En el Clero aumentaban los sacerdotes casi indiferentes, y en general cundía una propaganda de confusión.
Las organizaciones secretas recibían fondos de Amsterdam, Rotterdam, Londres, Genova y Venecia y se preparaban a destruir el Estado. En la Corte Ja aristocracia se divertía hasta con el "magnetismo animal" de Mesmer, o con la magia y nigromancia de Cagliostro (Joseph Balsamo), que en realidad operaba como agente de enlace entre conjurados.
Se difundían variadas ideas para romper la unidad. Cierta propaganda hablaba del "Gran Arquitecto del Universo", del "verdadero nombre del Señor", que sólo los grandes iniciados conocían. En las logias existían primeros grados en que se hablaba de Dios, y otros más altos en que regía el odio anticristiano; la Cabala daba "luces" sagradas.
Los que tejían esa enorme tela de araña sabían lo que buscaban, pero otros círculos eran movidos a través de laberintos, hasta que todo desembocó en la Revolución de 1789.
La llamada Revolución Francesa fue hecha con franceses, pero era obra de una fuerza cosmopolita, internacional.(l)
La Revolución dejó ver -tras las matanzas, los degüellos y las cabezas clavadas en palos y paseadas por las calles de París- gran parte de su verdadera esencia, tan sutilmente disfrazada. En 1792 se derogó la Era Cristiana y comenzó a contarse el año primero de la nueva Era Revolucionaria. La semana se convirtió en decena y se suprimió el domingo. Se decretó la abolición del culto católico. Los templos fueron saqueados y cerrados. Se negó a Cristo. Se suprimió la ley divina revelada. Consiguientemente se derogó la ley moral Se proclamó el culto a la "Diosa Razón". El hombre ya no tenía más deberes que los que se diera a sí mismo. Apareció la palabra "democracia", con la cual la fuente de toda autoridad se situó en la decisión de un grupo gubernamental que se arrogaba la representación del "pueblo" y que decía actuar a nombre de éste.
1 "Revolución Mundial".- Nesta H. Webster.
Todo iba a desembocar en los siguientes lineamientos:
1. Guerra contra Cristo.
2. Abolición de la propiedad privada.
3. Educación única, estatal.
4. Alimentación igual para todos.
5. Dictadura con el pretexto de redimir al pobre.
6. Trabajo obligatorio.
7. La niñez bajo el control estatal.
8. Proletarización general. Ataque al burgués.
9. Control natal en nombre del bienestar general.
10. Procesos sumarísimos para los "contra-revolucionarios".
Claro que no podía lograrse todo simultáneamente, pero se avanzaba hacia tales metas.
Hubo tres mil ejecuciones en París; se calcula que 17.000 en toda Francia, sujetas a proceso. Pero las ejecuciones sumarísimas y las matanzas incontroladas hicieron subir de 35.000 a 40.000 el número de muertos. El 31% eran obreros o artesanos; Y el 28% eran campesinos. El resto lo componían "burgueses" Y aristócratas.
En nombre de la justicia se cometieron torrentes de injusticias. En nombre de los pobres se volvió más desventurados a los pobres. En nombre de la libertad se suprimieron todas las libertades. Cesó la libertad de prensa y la libertad de cultos. Los templos fueron cerrados y cientos de sacerdotes y monjas fueron martirizados y ejecutados.
Se formaron milicias comandadas por "comisarios" como Anacharsis Klotz, Marat, Almereyda, etc., y también "sociedades populares", como la de Jacobo Pereira, con sanguinarias consignas.
Se decretó la emancipación de los judíos, pero de todos modos no quedaron conformes porque pretendían las ventajas de una doble nacionalidad, muy especialmente la de "su nacionalidad propia, universal y superior", no sujeta a la conscripción militar francesa.
La Revolución ya era dueña de Francia, pero cometió un grave error. Quiso ir demasiado aprisa, en vez de consolidar etapa por etapa. Antes de tiempo se lanzó al extranjero, confiando en la ayuda que le darían los organismos secretos existentes en todos los países de Europa. Se habló de "liberación de los pueblos".
Dentro de los países invadidos por las tropas revolucionarias francesas se hacían circular informes falsos para desorientar a los defensores; había sabotajes en ei abastecimiento de municiones. Pese al genio militar de Napoleón, algunas batallas no se hubieran ganado de no mediar la ayuda interna de las células revolucionarias sembradas en todo el Continente.
Desde Portugal hasta Prusia, y desde los Países Bajos hasta Italia, la Revolución realizó saqueos enormes. Confiscó bienes de la Iglesia y de diversos Montes de Piedad.
Ocupó conventos, desterró o asesinó religiosos. El Papa fue expulsado de Roma y se proclamó la República Romana. Millones de libras eran enviadas a Francia para reclutar más tropas.
Francia movilizó en total 1.600.000 hombres, que era mucho para aquella época, en que el país tenía 27 millones de habitantes.
La fuerza de la Revolución se lúe gastando. Napoleón, alentado por sus triunfos militares, fue apropiándose del movimiento y convirtiéndolo en bonapartismo. En 1801 hizo cesar la lucha antirreligiosa y celebró un Concordato con el Vaticano. En 1804 se convirtió en Emperador y pidió al Papa Pío VH que lo coronara. Al año siguiente abolió la Era Revolucionaria (que sólo llegó al año 14) y restableció la Era Cristiana

Napoleón entró en dificultades con los financieros judíos, y en 1807 decía: "Sería dar pruebas de debilidad perseguir a los judíos, pero sería dar prueba de fuerza corregirlos"(l).
Creó el Banco de Francia, pero no lo entregó a la alta finanza, sino que se reservó el cargo de presidente vitalicio del mismo. La emisión de dinero no se hacía como préstamo al gobierno, sino de acuerdo con la producción agrícola e industrial (2).
1 Napoleón y los Judíos.- R. Anchel.
2 El Enigma Capitalista.- Joaquín Bochaca.
De esa manera el Imperio Masónico, surgido de la Revolución, se iba desmoronando.
Consecuentemente, las logias y la alta finanza le retiraron su apoyo a Napoleón. Inglaterra ayudó a cercarlo, con la cooperación de Rusia y de Prusia, hasta vencerlo finalmente en Waterloo (1815). La Revolución de 1789 fue un torrente de infamias tan grandes que ahora se le recordaría con vergüenza, de no ser porque una propaganda sutil y constante te ha barnizado como una epopeya de humanitarismo, de "derechos del hombre", de "libertad, igualdad y fraternidad".
PERDIERON MUCHO, PERO NO TODO
La Revolución perdió gran parte de sus conquistas en Europa, pero no todas.
Desde luego, sus reservas económicas salieron beneficiadas. Sus pérdidas más serias fueron en el plano político.
La Revolución no estaba de ninguna manera vencida. Se replegó al secreto de las logias y siguió preparándose para infiltrar, debilitar y dividir a las fuerzas adversarias.
Una de sus primeras íareas fue ir destiñendo las tremendas injusticias de que había sido autora, hasta que la gente se olvidara casi de ellas y admitiera celebrar como fiesta (en Francia y en todo el mundo), lo que había sido un aquelarre de asesinos. Noventa años después Víctor Hugo pudo llamarla "(a gran fiesta de todas las naciones".
El fracaso de instaurar en toda Europa la Revolución total, mediante la violencia, hizo que una rama revolucionaria se suavizara (disfrazándose) y se presentara como "liberalismo". (Esto sin perjuicio de que la otra rama intentara después imponerse nuevamente con la táctica más radical, que a partir de 1848 tomó el nombre de marxismo).
En cuanto a la rama revolucionaria liberal, que frenó la marcha y "humanizó" su rostro, fue reorganizándose alrededor de los siguientes puntos, más o menos declarados más o menos implícitos:
1. No hay ley divina. Sólo ley humana.
2. La razón es independiente de todo principio del Bien y del mal.
3. La moral es relativa.
4. Laicismo obligatorio, gradualmente convertido en agnosticismo y en ateísmo.
5. El número mayoritario es poseedor de la verdad, y quien gobierna a nombre de él es
independiente de todo derecho natural o divino.
6. Tolerancia, en nombre de te libertad, hacia todo lo que la civilización cristiana
considere licencioso o inmoral.
7. Decreciente tolerancia para todo cuanto se oponga al liberalismo.
8. Acreditar, a través de todos los medios, los principios revolucionarios, prestigiándolos como "progreso".
El liberalismo se atrincheró tras una apariencia de ponderación, de equilibrio, de "criterio abierto", aun cuando en el fondo tendía a la instauración de controles precisamente opuestos a todas las libertades. Ante esa acción, sutilmente conducida, no hubo el suficiente empeño para erigir defensas prácticas. (Los términos "liberal" y "liberalismo" se prestan frecuentemente a confusión porque usados en su forma literal tienen un amable significado de "libertad y de razonable equilibrio", pero en otra acepción encierran móviles políticos que precisamente llevan a metas de intolerancia total, o sea, a las consecuencias últimas de la Revolución. Muchos marxistas se ostentan sólo como "liberales".) A partir de 1980 el Liberalismo comenzó a acelerar el paso y ha venido convirtiéndose en Neoliberalismo, el cual es un medio para llegar a la Globalización del Gobierno Mundial. (Bajo éste desaparece la soberanía de las naciones en todas las áreas: económicas, políticas, educativas, jurídicas, etc., y hasta en su moral y costumbres).

EL GOLPE MÁS AUDAZ DEL SIGLO XVIII
Las muy frecuentes guerras en Europa atraían la atención de gobernantes y gobernados, mientras que toda clase de sectas, logias y clubes secretos seguían proliferando y maduraban golpes cada vez más ambiciosos.
La situación en Francia, durante el siglo XVIIl, se iba volviendo cada día más propicia para un estallido gigantesco, las especulaciones financieras provocaron quiebras en la ciudad de Lyon, a consecuencia de la cual prácticamente dejó de ser mercado internacional, la inflación, con la consiguiente carestía, se hizo patente a partir de 1719.
En general se iba deteriorando la situación de Francia, en tanto que Inglaterra aumentaba su fuerza. De Londres llegaba la influencia secreta de los rosacruces, y de Baviera la de los "iluminados". Ambas convergían a un mismo fin.
Cundía una gran variedad de logias y sociedades secretas. El Papa Clemente XII decretó (1738) la excomunión de los católicos que se afiliaran a la masonería en sus diversos ritos. Pero la masonería no era poderosa por su número, sino por los puestos de suma influencia que ocupaban sus miembros. No eran organismos de masas, pero podían desorientar y mover a las masas.
La monarquía francesa se deslizaba hacia la frivolidad (de te que te Pompadour y te Du Barry fueron bellas exponentes), y menguaba su control sobre la máquina gubernamental. En el ejército había infiltración que debilitaba la disciplina. En el Parlamento se bloqueaban reformas positivas. En el Clero aumentaban los sacerdotes casi indiferentes, y en general cundía una propaganda de confusión.
Las organizaciones secretas recibían fondos de Amsterdam, Rotterdam, Londres, Genova y Venecia y se preparaban a destruir el Estado. En la Corte Ja aristocracia se divertía hasta con el "magnetismo animal" de Mesmer, o con la magia y nigromancia de Cagliostro (Joseph Balsamo), que en realidad operaba como agente de enlace entre conjurados.
Se difundían variadas ideas para romper la unidad. Cierta propaganda hablaba del "Gran Arquitecto del Universo", del "verdadero nombre del Señor", que sólo los grandes iniciados conocían. En las logias existían primeros grados en que se hablaba de Dios, y otros más altos en que regía el odio anticristiano; la Cabala daba "luces" sagradas.
Los que tejían esa enorme tela de araña sabían lo que buscaban, pero otros círculos eran movidos a través de laberintos, hasta que todo desembocó en la Revolución de 1789.
La llamada Revolución Francesa fue hecha con franceses, pero era obra de una fuerza cosmopolita, internacional.(l)
La Revolución dejó ver -tras las matanzas, los degüellos y las cabezas clavadas en palos y paseadas por las calles de París- gran parte de su verdadera esencia, tan sutilmente disfrazada. En 1792 se derogó la Era Cristiana y comenzó a contarse el año primero de la nueva Era Revolucionaria. La semana se convirtió en decena y se suprimió el domingo. Se decretó la abolición del culto católico. Los templos fueron saqueados y cerrados. Se negó a Cristo. Se suprimió la ley divina revelada. Consiguientemente se derogó la ley moral Se proclamó el culto a la "Diosa Razón". El hombre ya no tenía más deberes que los que se diera a sí mismo. Apareció la palabra "democracia", con la cual la fuente de toda autoridad se situó en la decisión de un grupo gubernamental que se arrogaba la representación del "pueblo" y que decía actuar a nombre de éste.
1 "Revolución Mundial".- Nesta H. Webster.
Todo iba a desembocar en los siguientes lineamientos:
1. Guerra contra Cristo.
2. Abolición de la propiedad privada.
3. Educación única, estatal.
4. Alimentación igual para todos.
5. Dictadura con el pretexto de redimir al pobre.
6. Trabajo obligatorio.
7. La niñez bajo el control estatal.
8. Proletarización general. Ataque al burgués.
9. Control natal en nombre del bienestar general.
10. Procesos sumarísimos para los "contra-revolucionarios".
Claro que no podía lograrse todo simultáneamente, pero se avanzaba hacia tales metas.
Hubo tres mil ejecuciones en París; se calcula que 17.000 en toda Francia, sujetas a proceso. Pero las ejecuciones sumarísimas y las matanzas incontroladas hicieron subir de 35.000 a 40.000 el número de muertos. El 31% eran obreros o artesanos; Y el 28% eran campesinos. El resto lo componían "burgueses" Y aristócratas.
En nombre de la justicia se cometieron torrentes de injusticias. En nombre de los pobres se volvió más desventurados a los pobres. En nombre de la libertad se suprimieron todas las libertades. Cesó la libertad de prensa y la libertad de cultos. Los templos fueron cerrados y cientos de sacerdotes y monjas fueron martirizados y ejecutados.
Se formaron milicias comandadas por "comisarios" como Anacharsis Klotz, Marat, Almereyda, etc., y también "sociedades populares", como la de Jacobo Pereira, con sanguinarias consignas.
Se decretó la emancipación de los judíos, pero de todos modos no quedaron conformes porque pretendían las ventajas de una doble nacionalidad, muy especialmente la de "su nacionalidad propia, universal y superior", no sujeta a la conscripción militar francesa.
La Revolución ya era dueña de Francia, pero cometió un grave error. Quiso ir demasiado aprisa, en vez de consolidar etapa por etapa. Antes de tiempo se lanzó al extranjero, confiando en la ayuda que le darían los organismos secretos existentes en todos los países de Europa. Se habló de "liberación de los pueblos".
Dentro de los países invadidos por las tropas revolucionarias francesas se hacían circular informes falsos para desorientar a los defensores; había sabotajes en ei abastecimiento de municiones. Pese al genio militar de Napoleón, algunas batallas no se hubieran ganado de no mediar la ayuda interna de las células revolucionarias sembradas en todo el Continente.
Desde Portugal hasta Prusia, y desde los Países Bajos hasta Italia, la Revolución realizó saqueos enormes. Confiscó bienes de la Iglesia y de diversos Montes de Piedad.
Ocupó conventos, desterró o asesinó religiosos. El Papa fue expulsado de Roma y se proclamó la República Romana. Millones de libras eran enviadas a Francia para reclutar más tropas.
Francia movilizó en total 1.600.000 hombres, que era mucho para aquella época, en que el país tenía 27 millones de habitantes.
La fuerza de la Revolución se lúe gastando. Napoleón, alentado por sus triunfos militares, fue apropiándose del movimiento y convirtiéndolo en bonapartismo. En 1801 hizo cesar la lucha antirreligiosa y celebró un Concordato con el Vaticano. En 1804 se convirtió en Emperador y pidió al Papa Pío VH que lo coronara. Al año siguiente abolió la Era Revolucionaria (que sólo llegó al año 14) y restableció la Era Cristiana

Napoleón entró en dificultades con los financieros judíos, y en 1807 decía: "Sería dar pruebas de debilidad perseguir a los judíos, pero sería dar prueba de fuerza corregirlos"(l).
Creó el Banco de Francia, pero no lo entregó a la alta finanza, sino que se reservó el cargo de presidente vitalicio del mismo. La emisión de dinero no se hacía como préstamo al gobierno, sino de acuerdo con la producción agrícola e industrial (2).
1 Napoleón y los Judíos.- R. Anchel.
2 El Enigma Capitalista.- Joaquín Bochaca.
De esa manera el Imperio Masónico, surgido de la Revolución, se iba desmoronando.
Consecuentemente, las logias y la alta finanza le retiraron su apoyo a Napoleón. Inglaterra ayudó a cercarlo, con la cooperación de Rusia y de Prusia, hasta vencerlo finalmente en Waterloo (1815). La Revolución de 1789 fue un torrente de infamias tan grandes que ahora se le recordaría con vergüenza, de no ser porque una propaganda sutil y constante te ha barnizado como una epopeya de humanitarismo, de "derechos del hombre", de "libertad, igualdad y fraternidad".
PERDIERON MUCHO, PERO NO TODO
La Revolución perdió gran parte de sus conquistas en Europa, pero no todas.
Desde luego, sus reservas económicas salieron beneficiadas. Sus pérdidas más serias fueron en el plano político.
La Revolución no estaba de ninguna manera vencida. Se replegó al secreto de las logias y siguió preparándose para infiltrar, debilitar y dividir a las fuerzas adversarias.
Una de sus primeras íareas fue ir destiñendo las tremendas injusticias de que había sido autora, hasta que la gente se olvidara casi de ellas y admitiera celebrar como fiesta (en Francia y en todo el mundo), lo que había sido un aquelarre de asesinos. Noventa años después Víctor Hugo pudo llamarla "(a gran fiesta de todas las naciones".
El fracaso de instaurar en toda Europa la Revolución total, mediante la violencia, hizo que una rama revolucionaria se suavizara (disfrazándose) y se presentara como "liberalismo". (Esto sin perjuicio de que la otra rama intentara después imponerse nuevamente con la táctica más radical, que a partir de 1848 tomó el nombre de marxismo).
En cuanto a la rama revolucionaria liberal, que frenó la marcha y "humanizó" su rostro, fue reorganizándose alrededor de los siguientes puntos, más o menos declarados más o menos implícitos:
1. No hay ley divina. Sólo ley humana.
2. La razón es independiente de todo principio del Bien y del mal.
3. La moral es relativa.
4. Laicismo obligatorio, gradualmente convertido en agnosticismo y en ateísmo.
5. El número mayoritario es poseedor de la verdad, y quien gobierna a nombre de él es
independiente de todo derecho natural o divino.
6. Tolerancia, en nombre de te libertad, hacia todo lo que la civilización cristiana
considere licencioso o inmoral.
7. Decreciente tolerancia para todo cuanto se oponga al liberalismo.
8. Acreditar, a través de todos los medios, los principios revolucionarios, prestigiándolos como "progreso".
El liberalismo se atrincheró tras una apariencia de ponderación, de equilibrio, de "criterio abierto", aun cuando en el fondo tendía a la instauración de controles precisamente opuestos a todas las libertades. Ante esa acción, sutilmente conducida, no hubo el suficiente empeño para erigir defensas prácticas. (Los términos "liberal" y "liberalismo" se prestan frecuentemente a confusión porque usados en su forma literal tienen un amable significado de "libertad y de razonable equilibrio", pero en otra acepción encierran móviles políticos que precisamente llevan a metas de intolerancia total, o sea, a las consecuencias últimas de la Revolución. Muchos marxistas se ostentan sólo como "liberales".) A partir de 1980 el Liberalismo comenzó a acelerar el paso y ha venido convirtiéndose en Neoliberalismo, el cual es un medio para llegar a la Globalización del Gobierno Mundial. (Bajo éste desaparece la soberanía de las naciones en todas las áreas: económicas, políticas, educativas, jurídicas, etc., y hasta en su moral y costumbres).
jueves, 8 de enero de 2009
Conan El Cimmerio.
CONAN EL CIMMERIO
Por Robert E. Howard.
La Hija del Gigante Helado.
Hastiado ya de la civilización y de su magia, Conan vuelve a su Cimmeria natal. Después de uno o dos meses de juerga, entre mozas y bebidas, se siente impaciente por reunirse con sus antiguos amigos-los aesires- en una incursión contra Vanaheim.
El fragor metálico de las espadas y las hachas de guerra se había extinguido; los gritos de las matanzas fueron silenciados, y ahora reinaba el silencio sobre la nieve teñida de rojo. El pálido sol que brillaba con una luz cegadora sobre los campos helados y las llanuras cubiertas de nieve arrancaba destellos de plata de las corazas hendidas y de las armas quebradas diseminadas por el campo de batalla en el que yacían los muertos.
Las manos sin vida aún aferraban las rotas empuñaduras de las espadas; las cabezas cubiertas con cascos y echadas hacia atrás en el último estertor, alzaban lúgubremente contra el cielo las barbas rojas y doradas, como en una última invocación a Ymir, el gigante helado, dios de una raza guerrera.
Alrededor de los ensangrentados despojos y de los cuerpos enfundados en cotas de malla, dos hombres se miraban fijamente. Eran los únicos seres vivos en aquel paisaje desolado. Los cubría el cielo helado y estaban rodeados por la blanca planicie sin límites, con decenas de cadáveres a sus pies. Se fueron aproximando lentamente uno al otro entre los cuerpos sin vida, como fantasmas que se encuentran sobre las ruinas de un mundo muerto. En medio de un silencio casi absoluto, los dos hombres quedaron cara a cara.
Ambos eran altos y fornidos como tigres. Habían perdido los escudos, y sus corazas estaban abolladas y resquebrajadas. la sangre seca cubría sus cotas de malla y las espadas estaban manchadas de rojo. En sus cascos de cuernos se veían las marcas de golpes violentos. Uno de ellos carecía de barba y tenía una brillante melena negra; el cabello y la barba del otro eran tan rojos como la sangre que había sobre la nieve iluminada por el sol.
-Oye -dijo este último-, dime tu nombre para que mis hermanos de Vanaheim sepan quién fue el último hombre de la banda de Wulfhere que cayó ante la espada de Heimdul.
-¡No será en Vanaheim -dijo con un gruñido el guerrero de negra cabellera-, sino en Valhalla, donde les dirás a tus hermanos que encontraste a Conan de Cimmeria!
Heimdul saltó lanzando un rugido mientras su espada describía un arco mortal. Cuando la sibilante hoja golpeó su casco haciendo saltar chispas azules, Conan se tambaleó y su vista se llenó de un fuego rojo. Pero después de retroceder, volvió a cobrar fuerzas y lanzó un poderoso mandoble con todas sus fuerzas. La afilada hoja atravesó las escamas de metal, los huesos y el corazón del enemigo, y el guerrero de rojos
cabellos murió a los pies del cimmerio.
Conan se quedó inmóvil, con la espada suspendida, y se sintió repentinamente invadido por un profundo cansancio. El resplandor del sol sobre la nieve cortaba sus ojos como un cuchillo, mientras que el cielo parecía encogerse extrañamente. Se alejó de aquella planicie en la que los guerreros de barba rubia yacían entrelazados con los asesinos de rojas barbas en un abrazo de muerte. Había dado unos pocos pasos cuando el resplandor de los campos nevados comenzó a atenuarse. Lo envolvió una oleada de luz cegadora y se desplomó sobre la nieve apoyado en un brazo, tratando de sacudirse la ceguera como un león sacude su melena.
Una risa cantarina rasgó su inconsciencia, y notó que la vista se le aclaraba poco a poco. Conan miró hacia arriba; había algo extraño en el paisaje, algo que no podía precisar ni definir, como un tinte especial y desusado que coloreaba la tierra y el cielo.
Pero no pensó mucho tiempo en ello. Ante él, balanceándose como un árbol joven al viento, había una mujer.
Al bárbaro, todavía aturdido, el cuerpo erguido de la muchacha le parecía hecho de marfil; con excepción de un ligero velo de gasa, estaba desnuda como el día. Sus delicados pies eran más blancos que la nieve que pisaban. Finalmente la joven se echó a reír, mirando fijamente al desconcertado guerrero; su risa era más dulce que el murmullo de las fuentes cantarinas, pero estaba cargada de una ironía cruel.

-¿Quién eres? -le preguntó el cimmerio-. ¿De dónde vienes?
-¿Qué importa? -repuso ella, con una voz más musical que un arpa de cuerdas plateadas, pero cargada de crueldad.
-Puedes llamar a tus hombres -dijo Conan aferrando su espada-. Aunque no me responden del todo las fuerzas, no me cogerán vivo. Veo que eres de Vanir.
-¿Te lo había dicho? -preguntó la joven.
La mirada del cimmerio se posó nuevamente en los rizos rebeldes de la muchacha, que le habían parecido rojos a primera vista. Ahora veía que aquel cabello no era rojizo ni rubio, sino una gloriosa combinación de ambos tonos. Él la miró fascinado. Su cabello era de un color dorado mágico; el sol se reflejaba con tal intensidad en su cabellera que el bárbaro apenas podía mirarla. Los ojos de ella no parecían del todo azules ni absolutamente grises, sino que cambiaban de color con la luz y con el resplandor de las nubes, creando tonalidades que el bárbaro jamás había visto. Sus labios rojos y carnosos sonrieron y, desde los ligeros pies hasta la cegadora corona de su cabello rizado, aquel cuerpo de marfil era tan perfecto como el sueño de un
dios. El pulso de Conan martilleó sus sienes.
-No sé si eres de Vanaheim y enemiga mía -dijo él-, o de Asgard y, por tanto, amiga. He recorrido muchas tierras, pero jamás he visto una mujer como tú. Tus rizos me ciegan con su fulgor. Jamás había visto un cabello semejante, ni siquiera entre las mujeres más blancas de Aesir. Por Ymir...
-¿Y tú quién eres, para jurar por Ymir? -le interrumpió ella con tono burlón-. ¿Qué sabes tú de los dioses del hielo y de la nieve, tú que vienes del sur para aventurarte entre gentes extrañas?
-¡Por los oscuros dioses de mi propia raza! -gritó Conan furioso-. ¡Aunque no sea un aesir de cabello dorado, ninguno de ellos ha sido más diestro que yo manejando la espada! Hoy he visto caer muertos a muchísimos hombres, y sólo yo he sobrevivido en el campo de batalla en el que los hombres de Wulfhere se enfrentaron con los lobos de Bragi. Dime, mujer, ¿no has visto el brillo de las corazas sobre las llanuras nevadas? ¿No has visto hombres armados avanzando sobre el hielo?
-He visto brillar la escarcha bajo los rayos del sol -respondió ella-. Y he oído el viento susurrando sobre las nieves eternas. Conan movió la cabeza y lanzó un suspiro. Luego dijo:
-Niord debía haberse unido a nosotros antes de que comenzara la batalla. Me temo que él y sus guerreros hayan sido objeto de una emboscada. Wulfhere y sus hombres están muertos... Yo creí que no había ninguna aldea en muchas leguas a la redonda, pues la guerra nos llevó muy lejos; pero tú no puedes haber venido de lejos, con tanta nieve y estando desnuda. Condúceme a tu tribu, si eres de Asgard, pues me siento débil y
cansado a causa de los golpes que he recibido y del fragor de la batalla.
-Mi aldea se encuentra más allá de lo que tú puedes recorrer andando, Conan de Cimmeria -dijo ella riendo. Después extendió los brazos y se balanceó delante de él, agitando sensualmente su dorada cabellera y con los ojos centelleantes semiocultos detrás de sus sedosas pestañas.
-¿No soy hermosa, oh, extranjero?
-Como el alba que juega desnuda sobre la nieve -murmuró Conan con los ojos ardientes como los de un lobo.
-Entonces, ¿por qué no te levantas y me sigues? ¿Quién es el valiente guerrero que se queda postrado delante de mí? -dijo ella con voz cantarina y con un sarcasmo enloquecedor-. Quédate acostado sobre la nieve y muere como los demás necios, Conan el de la negra cabellera. Tú no puedes seguirme adonde yo te llevaría.
El cimmerio lanzó un juramento y se puso en pie, al tiempo que sus ojos azules centelleaban y su rostro oscuro, lleno de pequeñas cicatrices, se contraía. La ira embargaba su alma, pero el deseo que le inspiraba el cuerpo tentador que tenía delante le martilleaba las sienes y le hacía hervir la sangre en las venas. Una pasión feroz y agónica invadía todo su ser, hasta el punto de que la tierra y el cielo aparecían bañados en sangre ante su obnubilada mirada. En medio de su locura, se olvidó del enorme cansancio y de la debilidad que sentía.
El cimmerio no dijo una sola palabra mientras envainaba la ensangrentada espada y tendía las manos hacia la muchacha para tocar su carne suave y delicada. La joven lanzó un leve grito, retrocedió entre risas y echó a correr, mirándolo de cuando en cuando por encima de su blanco hombro. Conan la siguió lanzando gruñidos.
Se había olvidado de la lucha, de los guerreros armados que yacían bañados en sangre; se había olvidado de Niord y de sus hombres, que no llegaron a tiempo para la batalla. Sólo tenía en mente la esbelta silueta blanca que parecía flotar en el aire, en lugar de correr sobre la tierra delante de él.

La persecución continuó a través de la cegadora llanura blanca. El campo rojo había quedado muy atrás, pero Conan siguió andando con la silenciosa tenacidad de los de su raza. Sus pies, cubiertos con la malla de acero, rompieron la helada corteza y se hundieron hasta los tobillos en la tierra cubierta de nieve, pero siguió adelante sostenido por su indomable energía. La muchacha danzaba sobre la nieve ligera como una pluma flotando en el aire; sus pies desnudos apenas dejaban huellas en la escarcha helada. A pesar del fuego que ardía en las venas del bárbaro, el frío le mordía a través de la cota de malla y del manto forrado de piel, pero la joven del tenue velo de gasa corría tan ligera y alegre como si estuviera bailando entre las palmeras y losjardines de rosas de Poitain.
Ella iba siempre adelante y Conan la seguía. Sus labios resecos lanzaban violentas maldiciones. Tenía hinchadas las venas de las sienes a causa del esfuerzo y sus dientes rechinaban.
-¡No podrás escapar de mí! -rugió el cimmerio-. ¡Si me conduces a una trampa, apilaré las cabezas de tu gente a tus pies! ¡Y si te ocultas, abriré las montañas hasta que te encuentre! ¡Te seguiré hasta el mismísimo infierno!
La espuma fluía de los labios del bárbaro mientras la enloquecedora risa de la muchacha llegaba hasta sus oídos. La joven lo llevó cada vez más lejos hacia el interior de la estepa. A medida que pasaban las horas y el sol se ocultaba detrás de la línea del horizonte, el paisaje cambiaba; la extensa planicie dio paso a unas
pequeñas colinas que ascendían hasta convertirse en accidentadas cordilleras. Allá a lo lejos, hacia el norte, Conan divisó una cadena de clavadas montañas, cuyas azules nieves eternas se teñían de rojo bajo el sol de poniente. En el cielo oscuro brillaban resplandecientes los rayos de la aurora boreal. Se tendían como un abanico en el cielo, como heladas hojas de luz gélida que cambiaba de color y cuya intensidad aumentaba por momentos.
El cielo brillaba por encima de la cabeza de Conan con una luz y un resplandor extraños. La nieve tenía un brillo misterioso v sobrenatural; por momentos era de un azul helado, luego de color carmesí o de un frío tono plateado. Conan seguía avanzando con una determinación inquebrantable a través de aquel helado reino
deslumbrante y encantado, en un laberinto cristalino en el que la única realidad era el blanco cuerpo que bailaba sobre la nieve lejos de su alcance..., cada vez más lejos de su alcance.
El cimmerio no se asombró ante la extrañeza de todo aquello, ni siquiera cuando dos gigantescas figuras se alzaron para cerrarle el paso. Las escamas de las cotas de malla de los desconocidos estaban llenas de escarcha y sus cascos y hachas de guerra estaban cubiertos de hielo. La nieve salpicaba sus cabelleras y sus barbas estaban blancas de carámbanos y de cristalillos helados. Sus ojos eran tan fríos como la luz que llegaba a raudales del cielo.
-¡Hermanos! -exclamó la muchacha bailando entre ellos-. ¡Mirad quién me sigue! ¡Os he traído un hombre para que lo matéis! ¡Arrancadle el corazón para colocarlo humeante sobre la mesa de nuestro padre!
Los gigantes contestaron con rugidos que parecían el chirriar de los icebergs al rozar contra las heladas piedras de una costa rocosa. Levantaron las hachas, que brillaron bajo la luz de las estrellas, y en ese momento el cimmerio se abalanzó como enloquecido sobre ellos. Una helada hoja brilló ante los ojos de Conan cegándolo con la intensidad de su fulgor. El bárbaro devolvió un terrible mandoble que cercenó la pierna de uno de sus enemigos a la altura de la rodilla.
La víctima cayó exhalando un lamento y en ese mismo instante Conan se desplomó sobre la nieve, con el hombro izquierdo insensible por un certero golpe del otro hombre, del que apenas pudo salvarlo la malla que llevaba puesta. Conan vio que el otro gigante se cernía sobre él como un coloso tallado en hielo, recortándose contra el frío cielo. El hacha se abatió... para hundirse en la nieve hasta penetrar profundamente en la tierra helada, pues Conan se echó a un lado y luego de un salto se puso en pie. El gigante lanzó un rugido e intentó liberar su hacha, pero mientras lo hacía, la espada de Conan se hundió en el pecho del hombre con la rapidez de un
rayo. Las rodillas del titán se doblaron y éste se derrumbó lentamente sobre la nieve, que se tiñó de color carmesí por la sangre que manaba del cuello seccionado.
Conan giró rápidamente y vio que la muchacha se encontraba a poca distancia, mirándole con los ojos muy abiertos por el horror; el aire de sorna había desaparecido de su rostro. El cimmerio gritó violentamente y las gotas de sangre caían por su espada mientras su mano temblaba por la intensidad de su pasión.
-¡Llama al resto de tus hermanos! -gritó Conan-. ¡Yo echaré sus corazones a los lobos! No podrás escapar de mí...
Con un grito de horror, la joven se volvió y huyó rápidamente. Ya no se reía ni se burlaba de él cuando lo miraba por encima de su blanco hombro. Ahora corría como si en ello le fuera la vida. Por más que Conan forzaba hasta la última fibra de sus músculos y sentía como si las sienes fueran a estallarle -lo veía todo de color rojo, la chica seguía alejándose de él bajo los cielos iluminados por los fuegos de hechicería, hasta que quedó convertida en una figura diminuta, luego en una blanca llama que danzaba sobre la nieve y por último en una pequeña mancha perdida a lo lejos. Pero aunque los dientes le rechinaban hasta hacerle brotar sangre de las encías, Conan siguió avanzando hasta que la pequeña mancha volvió a aparecer a los ojos de Conan como una blanca llama que danzaba, luego como una minúscula figurilla y por último la muchacha corría a menos de cien pasos delante del cimmerio.
Lentamente, paso a paso, la distancia se iba acortando.
Ahora la joven corría haciendo un visible esfuerzo, con sus rizos dorados flotando al viento. Conan percibió el intenso jadeo de su pecho y vio el miedo reflejado en sus ojos cuando ella lo miró por encima del hombro.
La resistencia implacable del bárbaro le proporcionó el fruto apetecido. Las fuerzas parecían abandonar sus blancas piernas; la muchacha corría a menos velocidad aún. En el corazón indomable de Conan se atizó nuevamente el fuego infernal que ella había sabido encender. Lanzando un rugido inhumano, Conan se arrojó sobre la joven en el momento en que ésta se volvía y lanzaba un grito de espanto, al tiempo que extendía sus brazos para rechazarlo.
La espada del cimmerio cayó sobre la nieve cuando éste estrechó a la joven en sus brazos. El esbelto cuerpo de la muchacha se arqueó hacia atrás mientras luchaba desesperadamente en los brazos de Conan. Su cabello dorado se agitaba al viento y le caía sobre el rostro, cegando al cimmerio con su resplandor. El contacto de su hermoso cuerpo que se retorcía entre sus brazos le llevó al borde de la locura. Los fuertes dedos de Conan se hundieron con frenesí en la suave y blanda carne..., una carne fría como el hielo. Era como si estuviera abrazando un cuerpo de hielo en lugar del cuerpo de una mujer de carne y hueso. Ella echó a un lado su dorada cabellera, tratando de esquivar los violentos besos del bárbaro, que lastimaban sus labios rojos y carnosos.
-Eres fría como la nieve -dijo él como atontado-. Yo te calentaré con el fuego de mi sangre...
Al tiempo que lanzaba un fuerte grito, la joven se resistió con todas sus fuerzas hasta que logró escapar de los brazos del cimmerio, dejando en ellos su ligero velo de gasa. Ella saltó hacia atrás y se enfrentó a Conan, con sus rizos de oro en completo desorden, su blanco pecho jadeante y sus hermosos ojos centelleando de horror.
Por un momento Conan se quedó paralizado, abrumado ante aquella belleza terrible que se alzaba desnuda sobre la nieve.
En ese momento ella alzó los brazos hacia las luces que brillaban en el firmamento y exclamó con una voz que resonaría para siempre en los oídos de Conan:
-¡Ymir! ¡Oh, padre mío, sálvame!
Conan dio un salto hacia adelante con los brazos extendidos para coger a la muchacha cuando, con un estampido como el de una inmensa montaña al desintegrarse, el cielo entero se convirtió en un fuego helado.
El cuerpo de marfil de la muchacha se vio envuelto repentinamente en una llama azulada y fría, tan cegadora que el cimmerio tuvo que levantar las manos para protegerse los ojos. Durante un breve instante, los cielos y las montañas nevadas fueron inundadas por crepitantes llamas blancas, azules dardos de una luz helada y
fuegos gélidos de color carmesí.
De pronto Conan se tambaleó y lanzó una exclamación. La muchacha había desaparecido.
Laresplandeciente extensión de nieve estaba ahora completamente desierta; por encima de su cabeza las embrujadas luces jugueteaban en un cielo helado que parecía haber enloquecido. Entre las distantes montañas azuladas que se alzaban a lo lejos se oyó un trueno estremecedor como el de un gigantesco carro de guerra arrastrado por caballos frenéticos cuyos cascos despedían destellos al chocar contra la nieve, mientras del cielo llegaban ecos lejanos.
Luego la aurora boreal, las montañas cubiertas de nieve y el cielo llameante comenzaron a dar vueltas ante los ojos de Conan como si estuvieran ebrios. Miles de bolas de fuego estallaron lanzando una lluvia de chispas y el mismo cielo se convirtió en una rueda gigantesca que giraba despidiendo estrellas a medida que
daba vueltas. Las montañas nevadas se alzaban como las olas del mar. Entonces el cimmerio cayó sobre lanieve y quedó inmóvil.
En un gélido y oscuro universo cuyo sol se había extinguido hacía muchísimos eones, Conan sintió el movimiento de una vida extraña e incierta. Un terremoto hizo temblar la tierra sobre la que yacía, lo sacudió de un lado a otro y aplastó sus manos y sus pies, haciéndole gritar de dolor y de furia. Entonces buscó su espada.
-Está volviendo en sí, Horsa -dijo una voz-. Date prisa, debemos quitarle el hielo de sus brazos y piernas, para que pueda volver a empuñar la espada.
-No puede abrir la mano izquierda -dijo el otro con un gruñido-. Está aferrando algo... Conan abrió los ojos y miró a los hombres barbudos que se inclinaban sobre él. Estaba rodeado de guerreros altos y rubios, que vestían cotas de malla y pieles.
-¡Conan! -exclamó uno de ellos-. ¡Estás vivo!
-¡Por Crom, Niord! -dijo el cimmerio jadeando-. ¿Estoy vivo o estamos todos muertos en Valhalla?
-Estamos vivos -respondió As masajeando los pies helados de Conan-. Nos tendieron una emboscada; de lo contrario hubiéramos llegado a tiempo para luchar a tu lado. Los cadáveres todavía estaban tibios cuando aparecimos en el campo de batalla. No te encontramos entre los muertos, de modo que seguimos tu rastro.
Pero Conan, en nombre de Ymir, ¿por qué te fuiste hasta las estepas del norte? Seguimos tus huellas sobre la nieve durante horas. Si alguna tormenta las hubiera ocultado, jamás te habríamos encontrado, ¡por Ymir!
- No jures tan a menudo por Ymir -murmuró otro guerrero con aire inquieto, observando las lejanas montañas-. Ésta es su tierra, y cuentan las leyendas que el dios vive en aquellas montañas.
-He visto a una mujer -repuso Conan confusamente-. Nos habíamos encontrado con los hombres de Bragi en la llanura. No sé durante cuánto tiempo estuvimos peleando. Fui el único sobreviviente, y estaba mareado y exhausto. La tierra parecía un sueño; sólo ahora las cosas me parecen naturales y conocidas. La mujer vino hacia mí, provocándome. Era hermosa como una helada llama del infierno. Una extraña locura me invadió cuando la miré, y me olvidé de todo. La seguí. ¿No habéis encontrado sus huellas? ¿Ni habéis visto a los gigantes helados a los que di muerte?
Nior respondió negativamente con un movimiento de la cabeza.
-Sólo encontramos tus huellas en la nieve, Conan -le respondió.
-Entonces es probable que esté loco -dijo Conan aturdido-. Y sin embargo, vosotros no me parecéis más reales que aquella muchacha de cabellos dorados que corría desnuda sobre la nieve, delante de mí. No obstante, yo la vi desvanecerse entre mis propias manos, como una llama helada que se extingue súbitamente.
-Está delirando -musitó uno de los guerreros. -¡No! -exclamó un hombre más viejo, de ojos salvajes y extraños-. ¡Era Atali, la hija de Ymir, el gigante de hielo! ¡Ella sale al campo de batalla y se deja ver por los moribundos! Yo la he visto cuando era un muchacho y estaba medio muerto después de la sangrienta batalla de Wolfraven. La he visto caminar entre los muertos, sobre la nieve; su cuerpo desnudo brillaba como el marfil y su cabellera dorada resplandecía con un fulgor insoportable a la luz de la luna. Yo me acosté en el suelo y aullé como un perro moribundo porque no podía arrastrarme tras ella. Atrae a los sobrevivientes de las batallas y los lleva a los páramos para que sus hermanos, los gigantes de hielo, les den muerte; después
les arrancan el corazón y lo depositan en la mesa de Ymir. ¡El cimmerio ha visto a Atali, la hija del gigantehelado!
-¡Bah! -gruñó Horsa-. El viejo Grom ha quedado mal de la cabeza por una herida que recibió en su juventud. Conan estaba delirando por los golpes recibidos en el fragor de la batalla; mirad cuántas abolladuras tiene en el casco. Cualquiera de esos golpes pudo afectarle el cerebro. Lo que anduvo siguiendo por las estepas no era más que una alucinación. El cimmerio viene del sur; ¿qué sabe él acerca de Atali?
-Quizá tengas razón -murmuró Conan-. Todo era tan extraño, tan misterioso y sobrenatural... ¡Por Crom! Conan se calló y miró algo que todavía aferraba con fuerza en la mano izquierda. Los demás se quedaron boquiabiertos cuando vieron que sostenía un tenue velo de gasa..., un velo de gasa tan ligero y delicado que no pudo haber tejido po manos humanas.
Por Robert E. Howard.
La Hija del Gigante Helado.
Hastiado ya de la civilización y de su magia, Conan vuelve a su Cimmeria natal. Después de uno o dos meses de juerga, entre mozas y bebidas, se siente impaciente por reunirse con sus antiguos amigos-los aesires- en una incursión contra Vanaheim.
El fragor metálico de las espadas y las hachas de guerra se había extinguido; los gritos de las matanzas fueron silenciados, y ahora reinaba el silencio sobre la nieve teñida de rojo. El pálido sol que brillaba con una luz cegadora sobre los campos helados y las llanuras cubiertas de nieve arrancaba destellos de plata de las corazas hendidas y de las armas quebradas diseminadas por el campo de batalla en el que yacían los muertos.
Las manos sin vida aún aferraban las rotas empuñaduras de las espadas; las cabezas cubiertas con cascos y echadas hacia atrás en el último estertor, alzaban lúgubremente contra el cielo las barbas rojas y doradas, como en una última invocación a Ymir, el gigante helado, dios de una raza guerrera.
Alrededor de los ensangrentados despojos y de los cuerpos enfundados en cotas de malla, dos hombres se miraban fijamente. Eran los únicos seres vivos en aquel paisaje desolado. Los cubría el cielo helado y estaban rodeados por la blanca planicie sin límites, con decenas de cadáveres a sus pies. Se fueron aproximando lentamente uno al otro entre los cuerpos sin vida, como fantasmas que se encuentran sobre las ruinas de un mundo muerto. En medio de un silencio casi absoluto, los dos hombres quedaron cara a cara.
Ambos eran altos y fornidos como tigres. Habían perdido los escudos, y sus corazas estaban abolladas y resquebrajadas. la sangre seca cubría sus cotas de malla y las espadas estaban manchadas de rojo. En sus cascos de cuernos se veían las marcas de golpes violentos. Uno de ellos carecía de barba y tenía una brillante melena negra; el cabello y la barba del otro eran tan rojos como la sangre que había sobre la nieve iluminada por el sol.
-Oye -dijo este último-, dime tu nombre para que mis hermanos de Vanaheim sepan quién fue el último hombre de la banda de Wulfhere que cayó ante la espada de Heimdul.
-¡No será en Vanaheim -dijo con un gruñido el guerrero de negra cabellera-, sino en Valhalla, donde les dirás a tus hermanos que encontraste a Conan de Cimmeria!
Heimdul saltó lanzando un rugido mientras su espada describía un arco mortal. Cuando la sibilante hoja golpeó su casco haciendo saltar chispas azules, Conan se tambaleó y su vista se llenó de un fuego rojo. Pero después de retroceder, volvió a cobrar fuerzas y lanzó un poderoso mandoble con todas sus fuerzas. La afilada hoja atravesó las escamas de metal, los huesos y el corazón del enemigo, y el guerrero de rojos
cabellos murió a los pies del cimmerio.
Conan se quedó inmóvil, con la espada suspendida, y se sintió repentinamente invadido por un profundo cansancio. El resplandor del sol sobre la nieve cortaba sus ojos como un cuchillo, mientras que el cielo parecía encogerse extrañamente. Se alejó de aquella planicie en la que los guerreros de barba rubia yacían entrelazados con los asesinos de rojas barbas en un abrazo de muerte. Había dado unos pocos pasos cuando el resplandor de los campos nevados comenzó a atenuarse. Lo envolvió una oleada de luz cegadora y se desplomó sobre la nieve apoyado en un brazo, tratando de sacudirse la ceguera como un león sacude su melena.
Una risa cantarina rasgó su inconsciencia, y notó que la vista se le aclaraba poco a poco. Conan miró hacia arriba; había algo extraño en el paisaje, algo que no podía precisar ni definir, como un tinte especial y desusado que coloreaba la tierra y el cielo.
Pero no pensó mucho tiempo en ello. Ante él, balanceándose como un árbol joven al viento, había una mujer.
Al bárbaro, todavía aturdido, el cuerpo erguido de la muchacha le parecía hecho de marfil; con excepción de un ligero velo de gasa, estaba desnuda como el día. Sus delicados pies eran más blancos que la nieve que pisaban. Finalmente la joven se echó a reír, mirando fijamente al desconcertado guerrero; su risa era más dulce que el murmullo de las fuentes cantarinas, pero estaba cargada de una ironía cruel.

-¿Quién eres? -le preguntó el cimmerio-. ¿De dónde vienes?
-¿Qué importa? -repuso ella, con una voz más musical que un arpa de cuerdas plateadas, pero cargada de crueldad.
-Puedes llamar a tus hombres -dijo Conan aferrando su espada-. Aunque no me responden del todo las fuerzas, no me cogerán vivo. Veo que eres de Vanir.
-¿Te lo había dicho? -preguntó la joven.
La mirada del cimmerio se posó nuevamente en los rizos rebeldes de la muchacha, que le habían parecido rojos a primera vista. Ahora veía que aquel cabello no era rojizo ni rubio, sino una gloriosa combinación de ambos tonos. Él la miró fascinado. Su cabello era de un color dorado mágico; el sol se reflejaba con tal intensidad en su cabellera que el bárbaro apenas podía mirarla. Los ojos de ella no parecían del todo azules ni absolutamente grises, sino que cambiaban de color con la luz y con el resplandor de las nubes, creando tonalidades que el bárbaro jamás había visto. Sus labios rojos y carnosos sonrieron y, desde los ligeros pies hasta la cegadora corona de su cabello rizado, aquel cuerpo de marfil era tan perfecto como el sueño de un
dios. El pulso de Conan martilleó sus sienes.
-No sé si eres de Vanaheim y enemiga mía -dijo él-, o de Asgard y, por tanto, amiga. He recorrido muchas tierras, pero jamás he visto una mujer como tú. Tus rizos me ciegan con su fulgor. Jamás había visto un cabello semejante, ni siquiera entre las mujeres más blancas de Aesir. Por Ymir...
-¿Y tú quién eres, para jurar por Ymir? -le interrumpió ella con tono burlón-. ¿Qué sabes tú de los dioses del hielo y de la nieve, tú que vienes del sur para aventurarte entre gentes extrañas?
-¡Por los oscuros dioses de mi propia raza! -gritó Conan furioso-. ¡Aunque no sea un aesir de cabello dorado, ninguno de ellos ha sido más diestro que yo manejando la espada! Hoy he visto caer muertos a muchísimos hombres, y sólo yo he sobrevivido en el campo de batalla en el que los hombres de Wulfhere se enfrentaron con los lobos de Bragi. Dime, mujer, ¿no has visto el brillo de las corazas sobre las llanuras nevadas? ¿No has visto hombres armados avanzando sobre el hielo?
-He visto brillar la escarcha bajo los rayos del sol -respondió ella-. Y he oído el viento susurrando sobre las nieves eternas. Conan movió la cabeza y lanzó un suspiro. Luego dijo:
-Niord debía haberse unido a nosotros antes de que comenzara la batalla. Me temo que él y sus guerreros hayan sido objeto de una emboscada. Wulfhere y sus hombres están muertos... Yo creí que no había ninguna aldea en muchas leguas a la redonda, pues la guerra nos llevó muy lejos; pero tú no puedes haber venido de lejos, con tanta nieve y estando desnuda. Condúceme a tu tribu, si eres de Asgard, pues me siento débil y
cansado a causa de los golpes que he recibido y del fragor de la batalla.
-Mi aldea se encuentra más allá de lo que tú puedes recorrer andando, Conan de Cimmeria -dijo ella riendo. Después extendió los brazos y se balanceó delante de él, agitando sensualmente su dorada cabellera y con los ojos centelleantes semiocultos detrás de sus sedosas pestañas.
-¿No soy hermosa, oh, extranjero?
-Como el alba que juega desnuda sobre la nieve -murmuró Conan con los ojos ardientes como los de un lobo.
-Entonces, ¿por qué no te levantas y me sigues? ¿Quién es el valiente guerrero que se queda postrado delante de mí? -dijo ella con voz cantarina y con un sarcasmo enloquecedor-. Quédate acostado sobre la nieve y muere como los demás necios, Conan el de la negra cabellera. Tú no puedes seguirme adonde yo te llevaría.
El cimmerio lanzó un juramento y se puso en pie, al tiempo que sus ojos azules centelleaban y su rostro oscuro, lleno de pequeñas cicatrices, se contraía. La ira embargaba su alma, pero el deseo que le inspiraba el cuerpo tentador que tenía delante le martilleaba las sienes y le hacía hervir la sangre en las venas. Una pasión feroz y agónica invadía todo su ser, hasta el punto de que la tierra y el cielo aparecían bañados en sangre ante su obnubilada mirada. En medio de su locura, se olvidó del enorme cansancio y de la debilidad que sentía.
El cimmerio no dijo una sola palabra mientras envainaba la ensangrentada espada y tendía las manos hacia la muchacha para tocar su carne suave y delicada. La joven lanzó un leve grito, retrocedió entre risas y echó a correr, mirándolo de cuando en cuando por encima de su blanco hombro. Conan la siguió lanzando gruñidos.
Se había olvidado de la lucha, de los guerreros armados que yacían bañados en sangre; se había olvidado de Niord y de sus hombres, que no llegaron a tiempo para la batalla. Sólo tenía en mente la esbelta silueta blanca que parecía flotar en el aire, en lugar de correr sobre la tierra delante de él.

La persecución continuó a través de la cegadora llanura blanca. El campo rojo había quedado muy atrás, pero Conan siguió andando con la silenciosa tenacidad de los de su raza. Sus pies, cubiertos con la malla de acero, rompieron la helada corteza y se hundieron hasta los tobillos en la tierra cubierta de nieve, pero siguió adelante sostenido por su indomable energía. La muchacha danzaba sobre la nieve ligera como una pluma flotando en el aire; sus pies desnudos apenas dejaban huellas en la escarcha helada. A pesar del fuego que ardía en las venas del bárbaro, el frío le mordía a través de la cota de malla y del manto forrado de piel, pero la joven del tenue velo de gasa corría tan ligera y alegre como si estuviera bailando entre las palmeras y losjardines de rosas de Poitain.
Ella iba siempre adelante y Conan la seguía. Sus labios resecos lanzaban violentas maldiciones. Tenía hinchadas las venas de las sienes a causa del esfuerzo y sus dientes rechinaban.
-¡No podrás escapar de mí! -rugió el cimmerio-. ¡Si me conduces a una trampa, apilaré las cabezas de tu gente a tus pies! ¡Y si te ocultas, abriré las montañas hasta que te encuentre! ¡Te seguiré hasta el mismísimo infierno!
La espuma fluía de los labios del bárbaro mientras la enloquecedora risa de la muchacha llegaba hasta sus oídos. La joven lo llevó cada vez más lejos hacia el interior de la estepa. A medida que pasaban las horas y el sol se ocultaba detrás de la línea del horizonte, el paisaje cambiaba; la extensa planicie dio paso a unas
pequeñas colinas que ascendían hasta convertirse en accidentadas cordilleras. Allá a lo lejos, hacia el norte, Conan divisó una cadena de clavadas montañas, cuyas azules nieves eternas se teñían de rojo bajo el sol de poniente. En el cielo oscuro brillaban resplandecientes los rayos de la aurora boreal. Se tendían como un abanico en el cielo, como heladas hojas de luz gélida que cambiaba de color y cuya intensidad aumentaba por momentos.
El cielo brillaba por encima de la cabeza de Conan con una luz y un resplandor extraños. La nieve tenía un brillo misterioso v sobrenatural; por momentos era de un azul helado, luego de color carmesí o de un frío tono plateado. Conan seguía avanzando con una determinación inquebrantable a través de aquel helado reino
deslumbrante y encantado, en un laberinto cristalino en el que la única realidad era el blanco cuerpo que bailaba sobre la nieve lejos de su alcance..., cada vez más lejos de su alcance.
El cimmerio no se asombró ante la extrañeza de todo aquello, ni siquiera cuando dos gigantescas figuras se alzaron para cerrarle el paso. Las escamas de las cotas de malla de los desconocidos estaban llenas de escarcha y sus cascos y hachas de guerra estaban cubiertos de hielo. La nieve salpicaba sus cabelleras y sus barbas estaban blancas de carámbanos y de cristalillos helados. Sus ojos eran tan fríos como la luz que llegaba a raudales del cielo.
-¡Hermanos! -exclamó la muchacha bailando entre ellos-. ¡Mirad quién me sigue! ¡Os he traído un hombre para que lo matéis! ¡Arrancadle el corazón para colocarlo humeante sobre la mesa de nuestro padre!
Los gigantes contestaron con rugidos que parecían el chirriar de los icebergs al rozar contra las heladas piedras de una costa rocosa. Levantaron las hachas, que brillaron bajo la luz de las estrellas, y en ese momento el cimmerio se abalanzó como enloquecido sobre ellos. Una helada hoja brilló ante los ojos de Conan cegándolo con la intensidad de su fulgor. El bárbaro devolvió un terrible mandoble que cercenó la pierna de uno de sus enemigos a la altura de la rodilla.
La víctima cayó exhalando un lamento y en ese mismo instante Conan se desplomó sobre la nieve, con el hombro izquierdo insensible por un certero golpe del otro hombre, del que apenas pudo salvarlo la malla que llevaba puesta. Conan vio que el otro gigante se cernía sobre él como un coloso tallado en hielo, recortándose contra el frío cielo. El hacha se abatió... para hundirse en la nieve hasta penetrar profundamente en la tierra helada, pues Conan se echó a un lado y luego de un salto se puso en pie. El gigante lanzó un rugido e intentó liberar su hacha, pero mientras lo hacía, la espada de Conan se hundió en el pecho del hombre con la rapidez de un
rayo. Las rodillas del titán se doblaron y éste se derrumbó lentamente sobre la nieve, que se tiñó de color carmesí por la sangre que manaba del cuello seccionado.
Conan giró rápidamente y vio que la muchacha se encontraba a poca distancia, mirándole con los ojos muy abiertos por el horror; el aire de sorna había desaparecido de su rostro. El cimmerio gritó violentamente y las gotas de sangre caían por su espada mientras su mano temblaba por la intensidad de su pasión.
-¡Llama al resto de tus hermanos! -gritó Conan-. ¡Yo echaré sus corazones a los lobos! No podrás escapar de mí...
Con un grito de horror, la joven se volvió y huyó rápidamente. Ya no se reía ni se burlaba de él cuando lo miraba por encima de su blanco hombro. Ahora corría como si en ello le fuera la vida. Por más que Conan forzaba hasta la última fibra de sus músculos y sentía como si las sienes fueran a estallarle -lo veía todo de color rojo, la chica seguía alejándose de él bajo los cielos iluminados por los fuegos de hechicería, hasta que quedó convertida en una figura diminuta, luego en una blanca llama que danzaba sobre la nieve y por último en una pequeña mancha perdida a lo lejos. Pero aunque los dientes le rechinaban hasta hacerle brotar sangre de las encías, Conan siguió avanzando hasta que la pequeña mancha volvió a aparecer a los ojos de Conan como una blanca llama que danzaba, luego como una minúscula figurilla y por último la muchacha corría a menos de cien pasos delante del cimmerio.
Lentamente, paso a paso, la distancia se iba acortando.
Ahora la joven corría haciendo un visible esfuerzo, con sus rizos dorados flotando al viento. Conan percibió el intenso jadeo de su pecho y vio el miedo reflejado en sus ojos cuando ella lo miró por encima del hombro.
La resistencia implacable del bárbaro le proporcionó el fruto apetecido. Las fuerzas parecían abandonar sus blancas piernas; la muchacha corría a menos velocidad aún. En el corazón indomable de Conan se atizó nuevamente el fuego infernal que ella había sabido encender. Lanzando un rugido inhumano, Conan se arrojó sobre la joven en el momento en que ésta se volvía y lanzaba un grito de espanto, al tiempo que extendía sus brazos para rechazarlo.
La espada del cimmerio cayó sobre la nieve cuando éste estrechó a la joven en sus brazos. El esbelto cuerpo de la muchacha se arqueó hacia atrás mientras luchaba desesperadamente en los brazos de Conan. Su cabello dorado se agitaba al viento y le caía sobre el rostro, cegando al cimmerio con su resplandor. El contacto de su hermoso cuerpo que se retorcía entre sus brazos le llevó al borde de la locura. Los fuertes dedos de Conan se hundieron con frenesí en la suave y blanda carne..., una carne fría como el hielo. Era como si estuviera abrazando un cuerpo de hielo en lugar del cuerpo de una mujer de carne y hueso. Ella echó a un lado su dorada cabellera, tratando de esquivar los violentos besos del bárbaro, que lastimaban sus labios rojos y carnosos.
-Eres fría como la nieve -dijo él como atontado-. Yo te calentaré con el fuego de mi sangre...
Al tiempo que lanzaba un fuerte grito, la joven se resistió con todas sus fuerzas hasta que logró escapar de los brazos del cimmerio, dejando en ellos su ligero velo de gasa. Ella saltó hacia atrás y se enfrentó a Conan, con sus rizos de oro en completo desorden, su blanco pecho jadeante y sus hermosos ojos centelleando de horror.
Por un momento Conan se quedó paralizado, abrumado ante aquella belleza terrible que se alzaba desnuda sobre la nieve.
En ese momento ella alzó los brazos hacia las luces que brillaban en el firmamento y exclamó con una voz que resonaría para siempre en los oídos de Conan:
-¡Ymir! ¡Oh, padre mío, sálvame!
Conan dio un salto hacia adelante con los brazos extendidos para coger a la muchacha cuando, con un estampido como el de una inmensa montaña al desintegrarse, el cielo entero se convirtió en un fuego helado.
El cuerpo de marfil de la muchacha se vio envuelto repentinamente en una llama azulada y fría, tan cegadora que el cimmerio tuvo que levantar las manos para protegerse los ojos. Durante un breve instante, los cielos y las montañas nevadas fueron inundadas por crepitantes llamas blancas, azules dardos de una luz helada y
fuegos gélidos de color carmesí.
De pronto Conan se tambaleó y lanzó una exclamación. La muchacha había desaparecido.
Laresplandeciente extensión de nieve estaba ahora completamente desierta; por encima de su cabeza las embrujadas luces jugueteaban en un cielo helado que parecía haber enloquecido. Entre las distantes montañas azuladas que se alzaban a lo lejos se oyó un trueno estremecedor como el de un gigantesco carro de guerra arrastrado por caballos frenéticos cuyos cascos despedían destellos al chocar contra la nieve, mientras del cielo llegaban ecos lejanos.
Luego la aurora boreal, las montañas cubiertas de nieve y el cielo llameante comenzaron a dar vueltas ante los ojos de Conan como si estuvieran ebrios. Miles de bolas de fuego estallaron lanzando una lluvia de chispas y el mismo cielo se convirtió en una rueda gigantesca que giraba despidiendo estrellas a medida que
daba vueltas. Las montañas nevadas se alzaban como las olas del mar. Entonces el cimmerio cayó sobre lanieve y quedó inmóvil.
En un gélido y oscuro universo cuyo sol se había extinguido hacía muchísimos eones, Conan sintió el movimiento de una vida extraña e incierta. Un terremoto hizo temblar la tierra sobre la que yacía, lo sacudió de un lado a otro y aplastó sus manos y sus pies, haciéndole gritar de dolor y de furia. Entonces buscó su espada.
-Está volviendo en sí, Horsa -dijo una voz-. Date prisa, debemos quitarle el hielo de sus brazos y piernas, para que pueda volver a empuñar la espada.
-No puede abrir la mano izquierda -dijo el otro con un gruñido-. Está aferrando algo... Conan abrió los ojos y miró a los hombres barbudos que se inclinaban sobre él. Estaba rodeado de guerreros altos y rubios, que vestían cotas de malla y pieles.
-¡Conan! -exclamó uno de ellos-. ¡Estás vivo!
-¡Por Crom, Niord! -dijo el cimmerio jadeando-. ¿Estoy vivo o estamos todos muertos en Valhalla?
-Estamos vivos -respondió As masajeando los pies helados de Conan-. Nos tendieron una emboscada; de lo contrario hubiéramos llegado a tiempo para luchar a tu lado. Los cadáveres todavía estaban tibios cuando aparecimos en el campo de batalla. No te encontramos entre los muertos, de modo que seguimos tu rastro.
Pero Conan, en nombre de Ymir, ¿por qué te fuiste hasta las estepas del norte? Seguimos tus huellas sobre la nieve durante horas. Si alguna tormenta las hubiera ocultado, jamás te habríamos encontrado, ¡por Ymir!
- No jures tan a menudo por Ymir -murmuró otro guerrero con aire inquieto, observando las lejanas montañas-. Ésta es su tierra, y cuentan las leyendas que el dios vive en aquellas montañas.
-He visto a una mujer -repuso Conan confusamente-. Nos habíamos encontrado con los hombres de Bragi en la llanura. No sé durante cuánto tiempo estuvimos peleando. Fui el único sobreviviente, y estaba mareado y exhausto. La tierra parecía un sueño; sólo ahora las cosas me parecen naturales y conocidas. La mujer vino hacia mí, provocándome. Era hermosa como una helada llama del infierno. Una extraña locura me invadió cuando la miré, y me olvidé de todo. La seguí. ¿No habéis encontrado sus huellas? ¿Ni habéis visto a los gigantes helados a los que di muerte?
Nior respondió negativamente con un movimiento de la cabeza.
-Sólo encontramos tus huellas en la nieve, Conan -le respondió.
-Entonces es probable que esté loco -dijo Conan aturdido-. Y sin embargo, vosotros no me parecéis más reales que aquella muchacha de cabellos dorados que corría desnuda sobre la nieve, delante de mí. No obstante, yo la vi desvanecerse entre mis propias manos, como una llama helada que se extingue súbitamente.
-Está delirando -musitó uno de los guerreros. -¡No! -exclamó un hombre más viejo, de ojos salvajes y extraños-. ¡Era Atali, la hija de Ymir, el gigante de hielo! ¡Ella sale al campo de batalla y se deja ver por los moribundos! Yo la he visto cuando era un muchacho y estaba medio muerto después de la sangrienta batalla de Wolfraven. La he visto caminar entre los muertos, sobre la nieve; su cuerpo desnudo brillaba como el marfil y su cabellera dorada resplandecía con un fulgor insoportable a la luz de la luna. Yo me acosté en el suelo y aullé como un perro moribundo porque no podía arrastrarme tras ella. Atrae a los sobrevivientes de las batallas y los lleva a los páramos para que sus hermanos, los gigantes de hielo, les den muerte; después
les arrancan el corazón y lo depositan en la mesa de Ymir. ¡El cimmerio ha visto a Atali, la hija del gigantehelado!
-¡Bah! -gruñó Horsa-. El viejo Grom ha quedado mal de la cabeza por una herida que recibió en su juventud. Conan estaba delirando por los golpes recibidos en el fragor de la batalla; mirad cuántas abolladuras tiene en el casco. Cualquiera de esos golpes pudo afectarle el cerebro. Lo que anduvo siguiendo por las estepas no era más que una alucinación. El cimmerio viene del sur; ¿qué sabe él acerca de Atali?
-Quizá tengas razón -murmuró Conan-. Todo era tan extraño, tan misterioso y sobrenatural... ¡Por Crom! Conan se calló y miró algo que todavía aferraba con fuerza en la mano izquierda. Los demás se quedaron boquiabiertos cuando vieron que sostenía un tenue velo de gasa..., un velo de gasa tan ligero y delicado que no pudo haber tejido po manos humanas.
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