jueves, 3 de julio de 2008

La Terrible Grandeza de la Guerra.

Los antiguos griegos otorgaban el titulo de "ARIETE" al ciudadano que había alcanzado por mérito propio la excelencia integral de su persona en obra y palabra. Sin duda, Salvador Borrego E. será por siempre uno de los grandes de los ultimos tiempos... ARIETE de la nación mexicana, símbolo de la lealtad y el honor del hombre latinoamericano comprometido con la raza del espíritu.

Aqui va un extracto de su monumental obra: "Derrota Mundial"...



LA TERRIBLE GRANDEZA DE LA GUERRA

Días después del llamado de paz que Hitler hizo el 6 de octubre de 1939, quedó patente que Inglaterra y Francia no querían ninguna fórmula de arreglo. Churchill dice que el Gabinete inglés tenía "la resolución inquebrantable de darle muerte (a Hitler) o perecer en la demanda". Francia seguía sus pasos. Y Roosevelt, por su parte, vivía esos días bajo el temor de "que se llegase a una paz negociada", y a fin de evitarla inició su personal correspondencia con Churchill.

Todavía con la esperanza de encontrar posteriormente una transacción, Hitler inició los preparativos para librar la guerra que no quería con Occidente y la guerra que sí quería, contra el Oriente.

Ya en la encrucijada, ante el mortal peligro de los dos frentes, Alemania afrontó la guerra con serenidad y con entereza.

Como observó Schubart, ningún pueblo ha hablado tanto de la vivencia de la camaradería propia de la guerra como el alemán: "Solamente la guerra, con sus sombras de muerte, tiene el poder de romper la coraza del alma con que se cubre el alemán en el plano individual. La mónada sobrecargada de responsabilidad personal, que es el alemán, respira cuando la atomizadora vida burguesa desemboca en el estado unitivo de la guerra... Cuanto más herméticamente nos encerramos en la propia personalidad, tanto más violento es a veces el afán de librarnos de la cárcel de la persona. Aquí tenemos la fuente del entusiasmo alemán por la guerra, fuente que emana de las capas más profundas del alma". (Nosotros agregamos que esa resolución dimana del Espíritu Increado)



Mucho se ha hablado en contra de la guerra. Pero evidentemente no todo es negativo en ella. Es en la lucha donde se remueven las más profundas vetas de la personalidad de los pueblos; es en la lucha donde frecuentemente aflora lo peor de sus defectos pero también lo mejor de sus valores; es en el momento supremo del "ser o no ser" cuando se ve lo que en realidad contiene un pueblo y lo que guarda celosamente como fase no de todos los días.

Por muchos motivos es lamentable que el deseo de guerra sea tan antiguo como el deseo de paz, pero esto es un hecho. A veces la paz es cesación de lucha, aunque no paz verdadera. No siempre la paz es esencialmente perfecta, y de ahí que se haya dicho que todo lo que vive, lucha.

En muchas ocasiones la guerra ha sido una amplificación gigantesca de un conflicto o de un espíritu de lucha; a veces encierra significados profundos e invisibles que arrastran a grandes masas de hombres, pese a lo terrible que es la guerra. Todos los horrores y el dolor que ésta encierra no han sido suficientes para hacer nacer el espíritu de una auténtica paz, que sería la verdadera, la lograda por dentro del espíritu, no en convenios o tratados siempre expuestos al fraude o a la traición. (Extremadamente Brillante y lúcida reflexión)



Paradójicamente, pese a sus cenizas de destrucción, el dolor de la guerra también ha creado algo, quizá porque corresponde a una etapa inevitable de la imperfección humana, que no ha sabido obtener por medios pacíficos todo lo que la vida ofrece. No fueron sólo los reposados y sabios senadores los que forjaron el Imperio Romano, sino también la espada de César y el empuje de sus legiones; no fueron sólo los sabios de Grecia los que hicieron de Grecia el corazón de una época y de una civilización, sino el arrojo de sus guerreros.

Ojalá no hubiera sido necesario que las cosas ocurrieran así, pero así fueron, tal vez por alguna razón trascendente que en el futuro pueda llegar a ser superada. Mientras esto ocurre, se ha visto que los pueblos crecen y se hacen grandes y maduros al golpe de sus luchas a través de la historia. En la naturaleza todo es lucha, y el hombre no ha podido sustraerse a este fenómeno. Su milenario anhelo de paz ha naufragado en la injusticia y en la paz falsa, que jamás puede ser definitiva porque carece de la esencia capaz de darle perdurabilidad.

Y así hemos visto de tiempo en tiempo que esa paz aparente se rompe en un instante y reaparece la guerra, con una nueva ilusión de alcanzar la paz verdadera.

Es innegable que en la guerra muchos espíritus creen encontrar la fórmula suprema de enmendar injusticias, quizá porque en la lucha de vida o muerte sólo queda en pie la profunda y auténtica voluntad del sacrificio para morir por lo que se proclama. Este rasgo confiere a la guerra un aspecto grandioso, porque en ella muchos hombres se entregan a la lucha sacrificándose por las generaciones que aún están por llegar.

Ese rasgo ha sido el relámpago de la espada que ha escrito en el firmamento de los siglos la historia del dolor de muchos pueblos en su camino —hasta ahora infructuoso—por alcanzar la paz verdadera, basada en la justicia.

Y ese rasgo se enfatizó antes de la segunda guerra mundial, a veces equivocadamente o en forma exagerada, por boca de diversos escritores y filósofos.

El Conde de Keyserling precisa en "La Vida Intima": "Desde el punto de vista de la vida terrestre, el derrotista no vale nunca nada —y la vida de los pueblos es sólo terrestre—. Quien no admite el principio de la conquista y de la supresión del derecho vigente, rehúsa ipso facto admitir el progreso; de lo que se deduce desgraciadamente, que es para siempre imposible abolir la guerra, pues siempre habrá momentos en que sólo el empleo de la fuerza permitirá romper los estatismos caducos o contrarios al instinto vital de una nación dada".



No es por casualidad, ni por caprichos del azar, por lo que tantos hombres han percibido esa dolorosa grandeza de la guerra. "Debéis amar la paz como un medio de guerras nuevas, y la paz corta, mejor que la larga. Que vuestro trabajo sea una lucha, ¡que vuestra paz sea una victoria!... No vuestra piedad, vuestra bravura es la que salvó hasta el presente a los náufragos", dice Nietzsche en Así Hablaba Zaratustra.

Y añade en El Crepúsculo de los ídolos: "Los pueblos que han tenido algún valor no lo han ganado con instituciones liberales; el gran peligro los hizo dignos de respeto".

El Dr. Gustavo Le Bon, en "La Civilización de los Árabes", reconoce la grandeza de las fuerzas que en el choque de las guerras van fraguando la silueta de los pueblos:

"Se ha de ser cazador o caza, vencedor o vencido. La humanidad ha entrado en una edad de hierro en la cual todo lo débil ha de perecer fatalmente. Los principios de derecho teórico, expuestos en los libros, no han servido jamás de guía a los pueblos; y la historia nos enseña que los únicos principios que han obtenido el respeto son aquellos que se hacen prevalecer con las armas en las manos".

Contestando un folleto pacifista del Instituto de Derecho Internacional Von Moltke dijo: "La paz perpetua es un sueño, y ni siquiera un sueño hermoso. La guerra forma parte del orden universal creado por Dios y en ella se desarrollan las más nobles virtudes del hombre: el valor, el espíritu de sacrificio, la lealtad y la ofrenda de la propia vida. Sin la guerra el mundo se hundiría en el fango del materialismo".

Juan Fichte, en Discursos a la Nación Alemana, habló del poder aglutinante de la guerra: "Se llega a la unidad perfecta cuando cada miembro mira como suyo propio el destino de los demás. Cada cual sabrá que se debe enteramente al todo y que con él será feliz y sufrirá. . . Sólo reposan los que no se sienten bastante fuertes para luchar".



Oswaldo Spengler, en Años Decisivos: "Muy pocos soportan una larga guerra sin que su alma se corrompa; nadie una larga paz... La lucha es el hecho primordial de la vida, es la vida misma, y ni siquiera el más lamentable pacifista consigue destruir, desterrar de su alma el placer que despierta. Por lo menos teóricamente quisieran combatir y aniquilar a los adversarios del pacifismo".

Y Spengier mismo añade, en Decadencia de Occidente: "La guerra es la creadora de todas las cosas grandes. Todo lo importante y significativo en el torrente de la vida nació de la victoria y de la derrota. . . Los derechos del hombre, la libertad y la igualdad son literatura, pura abstracción y no hechos. El pensamiento puro, orientado hacia sí mismo, ha sido siempre enemigo de la vida, y por tanto, hostil a la historia, antiguerrero, sin raza. Antes muerto que esclavo, dice un viejo proverbio aldeano de Frisia. Lo contrario justamente es el lema de toda civilización postrera. . . La vida es dura, si ha de ser grande. Sólo admite elección entre victoria y derrota, no entre paz y guerra. Toda victoria hace víctimas. Sólo es literatura la que, lamentándose, acompaña los acontecimientos. . . La guerra es la política primordial de todo viviente, hasta el grado de que en el fondo lucha y vida son una misma cosa y el ser se extingue cuando se extingue la voluntad de la lucha.

"La raza es algo cósmico, una dirección, la sensación de unos signos concordantes, la marcha por la historia con igual curso y los mismos pasos. Y de una idéntica pulsación nace el amor real. .. Contemplad una bandada de pájaros volando en el éter; ved cómo asciende siempre en la misma forma, cómo torna, cómo planea y baja, cómo va a perderse en la lejanía; y sentiréis la exactitud vegetativa, el tono objetivo, el carácter colectivo de ese movimiento complejo, que no necesita el puente de la intelección para unir el yo con el tú. . . Así se forja la unidad profunda de un regimiento cuando se precipita como una tromba contra el fuego enemigo; así la muchedumbre ante un caso que la conmueve, se convierte de súbito en un solo cuerpo que bruscamente, ciegamente, misteriosamente, piensa y obra. Quedan anulados aquí los límites del microcosmos... Un sino se cierne sobre todas las cabezas". (Realmente fascinante)

Y así el pueblo alemán en armas, ante la imposibilidad de eludir la guerra en Occidente y ante su necesidad ideológica de hacer la guerra al Oriente bolchevique, cruzó el umbral de la paz y se internó en la siniestra grandeza de la guerra. Con sereno entusiasmo su juventud lo sacrificó todo y se precipitó desde las frías tierras de Noruega hasta los candentes desiertos de África, y desde las floridas campiñas de Francia hasta las polvosas estepas de Rusia.

Friedrich Wilhelm Nietzsche

Nietzsche es un referente absoluto para quienes estamos en busqueda de la DIGNIDAD perdida... y aunque sea por un lapsus infinitesimal de tiempo, el bálsamo de su verbo cauteriza la herida de nuestro costado señalandonos el camino de la VOLUNTAD.

¡Que vivan los Guerreros!



DE LA GUERRA Y LOS GUERREROS

"Nuestros mejores enemigos no han de tener consideraciones con nosotros; ni tampoco los seres que amamos con amor entrañable. ¡Os voy a decir, pues, la verdad!

¡Hermanos guerreros! Os amo con amor entrañable; siempre he sido, y soy, vuestro igual. Y soy también vuestro mejor enemigo. ¡Os voy a decir, pues, la verdad!

Conozco el odio y la envidia que anidan en vuestros corazones. No sois lo suficientemente grandes para no saber de odios y envidias, ¡Sed, pues, lo suficientemente grandes para no avergonzaros de tales sentimientos!

Y ya que no podéis ser santos varones del conocimiento, sed al menos sus guerreros, que son los compañeros y precursores de tal santidad.

Veo muchos soldados; ¡si viera muchos guerreros! 'Uniforme' se llama lo que llevan puesto; ¡si no escondieran bajo él la uniformidad!

Habéis de ser hombres que en todo momento vayan en busca de un enemigo, de vuestro enemigo. Y algunos de vosotros conocen el odio a primera vista.

¡Buscad vuestro enemigo! ¡Librad vuestra guerra por vuestras convicciones! ¡Y si sucumbe vuestra convicción, vuestra probidad ha de celebrar esta derrota!

¡Amad la paz como medio para nuevas guerras! ¡ Y amad la paz breve más que la larga!

A vosotros no os aconsejo el trabajo, sino la lucha. A vosotros no os aconsejo la paz, sino la victoria. ¡Vuestro trabajo debe ser lucha, y vuestra paz, victoria!

Sólo armado con arco y flecha es como se puede callar y estarse quieto; de lo contrario se parlotea y regaña. ¡Vuestra paz debe ser victoria!

¿Que la buena causa santifica hasta la guerra? Yo os digo que la buena guerra santifica todas las causas.

La guerra y la valentía han hecho más cosas grandes que el amor al prójimo. No vuestra compasión, sino vuestra valentía ha salvado hasta ahora a los que peligraban Preguntáis: “¿qué es bueno?” Ser valiente es bueno. Dejad que las niñas digan: “Es bueno lo que es bonito y enternece”.

Os tachan de hombres sin corazón; pero tenéis el corazón bien puesto y me gusta vuestra cordialidad vergonzan¬te. Vosotros os avergonzáis de vuestra plenitud y los demás de su pobreza.

¿Sois feos? ¡Bueno, hermanos, cubrios con lo sublime, que es el manto de la fealdad!
Y cuando vuestra alma se ensancha, se vuelve arrogante, y en vuestra sublimidad hay malicia. Os conozco.

En la malicia, el arrogante coincide con el débil. Pero no se entienden. Os conozco.

Sólo debéis tener enemigos que odiar, no enemigos que despreciar. Debéis estar orgullosos de vuestros enemigos; así, los éxitos de vuestro enemigo serán también éxitos muy vuestros.

La rebeldía es la distinción del esclavo. ¡Vuestra distinción debe ser la obediencia! ¡Vuestro mismo mandar hade ser un obedecer! El buen guerrero prefiere el “tu debes” al “'yo quiero'". Y cuanto os es grato debéis hacéroslo mandar.

Vuestro amor a la vida debe ser amor a vuestra suprema esperanza. ¡Y vuestra suprema esperanza debe ser la con¬cepción suprema de la vida!

Y vuestra concepción suprema de la vida debéis hacérosla mandar por mí. He aquí su fórmula: el hombre es algo que debe ser superado.

¡Llevad pues vuestra vida hecha de obediencia y guerra! ¡Qué importa la vida larga! ¡El guerrero no espera que se tengan consideraciones con él!

¡Yo no tengo consideraciones con vosotros; os amo con amor entrañable, hermanos guerreros!".

Así habló Zaratustra.

miércoles, 2 de julio de 2008

ÖDIN y los Símbolos Paganos.



Es importante comprender que el símbolo sagrado opera en un nivel trascendente, de SENTIDO, y este proceso arranca en el Inconsciente personal. Hacer contacto con las semillas y hacerlas “germinar”, en el inconsciente colectivo, en cuya inmensidad yacen los símbolos de nuestro pasado pagano.

La Psicología profunda nos da referentes importantes, sino, juzguen ustedes mismos:

A continuación un párrafo del libro: “El Mensaje de los Símbolos” de Manfred Lurker:

“Muchas son las cuestiones que plantea la autoinmolación del Dios Germánico Ödin; Atravesado por una ESPADA estuvo PENDIENTE durante NUEVE NOCHES DEL ÁRBOL AGITADO POR EL VIENTO, árbol brotado de una raíz que nadie conoce; Es decir, que penetra en realidades ocultas y esta en relación con los poderes ctónicos; Podría ser el árbol del mundo, el Yggdrasil. También se ha pensado en el árbol de la vida, relacionando las nueve noches con los nueve meses del embarazo de la mujer. Mientras Ödin pendía del árbol no tomo alimento ni bebida, sino un poco de hidromiel, bebida sagrada que le lleno de un espíritu nuevo; Entre sollozos recibió las RUNAS, que es como decir que fue iniciado en los misterios. Después el árbol empezó a crecer y a dar frutos. “la palabra se junto a palabra y el acto al acto”

“Entre los germanos el grabado de las RUNAS (Del Gótico runa significa “Secretos” y esta emparentado con raunen, “murmullo o cuchicheo”) iba asociado a unas acciones mágicas especiales. En la Runa TYR se creía inmanente todo el poder del Dios de la Guerra, TYR.”

martes, 1 de julio de 2008

Hacia los Fundamentos para el Despertar.

5. DE LA KAMARDERÍA.

Hemos llegado al fin a uno de los puntos mas importantes de estos contenidos, porque la virtud de una falange, su piedra angular, es la camaradería. Pero vamos a utilizar un arma legada por nuestro ancestro y resignaremos la palabra con una “K”, entonces hablaremos de Kamaradería.

Este no es un tema para tratarse en estos fundamentos, pero la RE-SIGNACIÓN es fundamental, así que haremos algunas aclaraciones.

Ya dijimos párrafos arriba, que el mundo creado fue designado por los primeros hombres y mujeres en un origen remoto, que se pierde en la noche de los tiempos. Así que cada objeto externo, animado o inanimado tiene su contraparte metafísica como idea, signo, imagen, en nuestro cerebro. Mentado con sentido se torna tangible y da realidad a nuestro mundo externo.

Bien, nosotros hemos heredado la lengua castellana, que a su vez ha heredado signos, letras, de otros alfabetos, como los alfabetos rúnicos de los godos. La “K” esta presente en la lengua castellana, pero también en las lenguas quechuas y aymaras. Esto quiere decir que por tradición simbólica, debemos utilizar, dar uso, a los signos ancestrales. Aquí esta una prueba simbólica de que altoperuanos y nórdicos compartimos una hermandad sanguínea.

La “K” como parte del nombre, del símbolo que sostiene nuestra mística andina esta contenida en el ideograma-potencia “Wirakocha”, esto nos da además otra clave simbólica, pues la letra “W” es original de los alfabetos rúnicos nórdicos, por lo que no podemos mas que admitir que tanto el Quechua como el Aymará fueron resignados con letras rúnicas legadas por el ancestro común a ambos pueblos.

Bien, hecho el paréntesis, continuaremos con nuestro desarrollo argumental para captar el verdadero sentido de Kamaradería.

La Kamaradería no es amistad. Con esto queremos significar que la misma no está sostenida por el arquetipo, paradigma, concepto: AMOR, sino mas bien, por el concepto, potencia, ideograma: HONOR.

Son Kamaradas quienes se han vinculado carismáticamente con el espíritu y expresan las virtudes del Honor y la Lealtad mas allá de cualquier determinación almica, anímica, emocional, racional, etc.

Vamos a utilizar una analogía basada en fundamentos históricos para tratar de explicar esto.

Tal vez la única forma de indducir el SENTIDO del Honor es a través de analogìas, veamos la historìa de un par de gestas militares. Hablemos de la GUERRA.

En la Batalla por el Alcázar de Toledo durante la guerra civil española, se produjo un hecho que puede ayudarnos a dilucidar el sentido del Honor. El Alcázar estaba sitiado, llevaba resistiendo el asalto de las fuerzas republicanas (Comunistas) abrumadoramente superiores. El Comandante de la plaza recibió inesperadamente una llamada telefónica. Su hijo había sido capturado por los sitiadores y exigían la inmediata rendición del Alcázar a cambio de su vida y lo pusieron al teléfono. Este le dijo que iba a ser fusilado en el acto si no rendía la plaza. El Comandante respondió: “Hijo, cuando llegue el momento muere gritando: ¡Viva España!”

Analicemos: ¿El Comandante actuó con Amor o con Honor?

Antes de responder, reflexionemos. Si Yo Amo a mi hijo, sostengo el arquetipo Amor como fundamento. No se puede dejar de amar. Pero si en la paradoja resultante de enfrentar el amor que tengo por un hijo con el sentido colectivo del deber de luchar hasta el final por el ideal de la Falange, asumo el amor dejando de lado el deber, actualizo en mi psique, o mejor dicho, en mi sangre, varios símbolos que dinamizan el arquetipo amor en mí. Me dejo abarcar por el sentimentalismo resultante: cariño, compañía, calidez, paz, caridad, compasión, no egoísmo, etc. Cedo ante el símbolo complejo del Amor y entrego la plaza.

Si por el contrario, ante la paradoja irreductible que surge del enfrentamiento entre símbolos complejos totalmente antagónicos, prevalece mi deber de sostener la plaza a toda costa para que triunfe una mística colectiva, actualizo en mi psique, en mi sangre, símbolos como el desprendimiento, el egoísmo heroico, el sacrificio de lo cálido, de lo sentimental, de lo caritativo, compasivo, y amoroso para manifestar así HONOR, LEALTAD, y VALOR ABSOLUTOS ante lo inevitable: Anteponer el sentido del HONOR al AMOR, ya que la LIBERTAD, EL ESPÍRITU, LA GLORIA son fundamentos de mi SER. NADA PUEDE DETERMINARME. NUNCA ME RENDIRÉ POR LEALTAD A MIS KAMARADAS.

Habré impuesto mi individualidad por sobre el comunismo álmico que se expresa a través del temor a la pérdida, a la muerte, a lo frío, a la soledad, a lo guerrero. AL IMPONERME A LO ANÍMICO, HE SENTIDO HONOR.

Para hablar de algo mas nuestro, en Boquerón, durante la Guerra del Chaco, la plaza cae después de haber resistido casi seis semanas a un asedio de fuerzas muy superiores, sin provisiones, pasando hambre y penuria. Inexplicablemente es un desastre militar para el Paraguay, pues 600 defensores han ocasionado mas de 15.000 bajas. Los prisioneros bolivianos son llevados a Asunción, las masas los esperaban con piedras y armas blancas de todo tipo para vengar la muerte de sus hijos en el campo de batalla. Pero el Egrégoro álmico colectivo que buscaba expiar su pena matando al héroe caído, desaparece ante la sangre pura colectiva que ve en los bolivianos desnutridos, heridos, languidesientes, pero vivos, tremendamente vivos por la proeza de resistir lo que muchos ejércitos no han resistido, el Hombre Verdadero que hay detrás de cada individuo que ha sido enaltecido por el heroísmo. ¡No!, ya no importa que fueran bolivianos, ellos ven a sus propios hijos, a sus propios Kamaradas y dejando caer las piedras, los reciben con lágrimas en los ojos, curando sus heridas, dándoles de comer y beber. Que glorioso momento para estos valientes guerreros y Kamaradas: soldados bolivianos en los brazos de madres paraguayas.

El amor, que impelía a esas madres a cobrar la sangre de sus hijos, es sobrepasado por el Honor colectivo de un pueblo que ha tenido el valor de mirar mas allá del velo de la ilusión engañadora, para rendir tributo al Héroe, a su sangre, a su valor. En fin, a su HONOR.

¡VIVA AL HONOR Y LA SANGRE!
¡VIVA AL ESPÍRITU!

viernes, 27 de junio de 2008

Hacia los Funadamentos para el Despertar.

4. DEL SENTIDO DEL HONOR.

El sentido del honor es un acto volitivo, no es racional sino SENTIDO. Establezcamos entonces que el Honor es PURO SENTIDO.

Trataremos de acercarnos al sentido del honor haciendo una aclaración: no puede conceptualizarse un acto de voluntad eminentemente egoíco, es decir, un acto que se manifiesta solo en un hombre despierto, dueño de sí mismo.

EL HONOR ES UN ACTO DE LA VOLUNTAD GRACIOSA . Tomamos este concepto de la gran obra de Luis Felipe Moyano. Creemos que es muy concreto y acertado para explicar una realidad espiritual irrepresentable para la razón del hombre corriente.

Cuando hablamos de gracia, hablamos de un vínculo carismático trascendente, es decir, completamente ajeno al orden natural. Porque en un acto de honor, rompemos la circularidad de la naturaleza instintiva. El Honor es el sentido original del hombre antiguo, del ancestro, del gran antepasado. Y al ser SENTIDO PURO ("Pure" es Sangre en Sánscrito), sólo puede sentirse y no racionalizarse.

ES POR ESTO QUE RECALCAMOS LA IMPORTANCIA DE LA REGRESIÓN, DE RECORDAR CON LA MEMORIA DE LA SANGRE Y NO CON LAS MEMORIAS PSICOLÓGICAS, PORQUE LA ÚNICA MEMORIA QUE SE REMONTA AL ORIGEN ES LA MEMORIA DE SANGRE. LA HERENCIA DEL SÍMBOLO QUE SOLO PUEDE SENTIRSE.

El sentido no es emoción. En todo caso es a-priori de toda emocionalidad, es su causa.

El hombre dormido es pos del despertar, sólo puede sentir honor por breves instantes y solo si lleva en su complexión el signo del origen; Entonces accede a una hiperlucides que le muestra la miseria de su existencia. Y aquí hablamos de miseria espiritual, tan extendida en todos los sectores de la humanidad, sin exclusión de sexo, raza o nación.

Ante el honor, la mentira se diluye como lo que realmente es, NADA. Con un atisbo de honor nos percatamos de la maldad intrínseca de un mundo comercial, superfluo, que roba día a día nuestro sentido para sostener un materialismo absorbente.

Es inconcebible que el hombre actual no fundamente sus leyes en principios trascendentes. Como el economista que se ha licenciado de cualquier universidad publica o privada y domina la dinámica de la bolsa de valores y la micro y macroeconomía, pero desconoce que la principal fuente de riqueza de un pueblo es el TRABAJO.

Si buscamos ejemplos no hay más que hacer una seria regresión histórica: en el Estado de Prusia de Federico Guillermo III, EL HONOR ERA EL PRINCIPIO RECTOR ALREDEDOR DEL CUAL GIRABA EL MOTOR JURÍDICO SOCIAL.

Es por eso que los legisladores, sobre todos, deben ser hombres despiertos. Las estructuras jurídico-sociales, si vivimos en un estado Constitucional, deben estar sostenidas por principios trascendentes emanados desde la misma Constitución Política de Estado y ser protegidos debidamente como verdaderos Bienes Jurídicos.

Vemos con tristeza que la reforma constitucional que esta en boga ahora, gira en torno a temas como el de la capitalidad plena, la propiedad, los recursos naturales, y pasa por alto los principios fundamentales, los símbolos de la sangre ancestral, convirtiéndose en un mecanismo jurídico hueco, que no resolverá nada, pues deja a un lado lo realmente importante: la parte metafísica indispensable para sostener toda contraparte material del precepto constitucional.

Volvamos a mirar con ojos despiertos: El Estado de Israel tiene al Pentateuco (La Tora) como base de su derecho constitucional. El Pentateuco contiene los símbolos de su mística, sin ella, no podríamos concebir un Estado de Israel.

ELEVAR EL SENTIDO DEL HONOR A UN RANGO JURÍDICO-PSICOSOCIAL SERIA UN PILAR PARA SOSTENER UNA MÍSTICA NACIONAL DIRIGIDA HACIA LA RESTAURACIÓN TOTAL DEL ESTADO Y DEL INDIVIDUO.